A. NAVARRO
ALAIOR.- Sant Llorenç
fenomenal. Tras dos días de Jaleos
intensos, Alaior volvió a convocar a sus
vecinos a la puerta de casa. Vecinos y
visitantes. Con la tarde del domingo de
fiestas puesta. Después de la siesta mal
dormida y con los gritos de los niños de
por medio. Las carrozas, los
capgrossos y los gegants. Un
mundo inventado pero real para los más
pequeños.
Alaior se ha volcado en sus
fiestas. Dos días de caballos y gentío. Si
la noche del sábado fue «el no va más», el
domingo, la plaza no daba para más. Los
caballos entraban y se hacían sitio entre
los empujones y el entusiasmo de los
asistentes. Palmas y cantinelas coreando a
la banda y pidiéndole «más marcha» en los
compases. El calor sofocante se enfrentaba
a las pistolitas de agua como de otra
galaxia.
Pero fue el viernes, el día
de la arrancada. Jordi Villacampa, actual
presidente del Club Joventut de Badalona y
emblemático baloncestista, pronunció un
pregón llenos de optimismo.
Más de
veinte años recalando en la isla, llenos de
recuerdos y amigos pero con la vista en el
futuro. Villacampa contó de sus emociones.
Y dijo que vive lo mismo las fiestas y los
Jaleos que tirar un triple en el Olímpic de
Badalona. Y las calles a tope. Tanto para
la fiesta tradicional como para las
actividades montadas para los más pequeños.
Así el jueves tuvo lugar la desfilada con
los alumnos de las escuelas públicas.
Carrozas y comparsas representando un gran
circo. No faltaba nada. Ni la
imaginación.
Y el sábado empezó la
tradición. Con los oficios y los
protocolos. Pau Morlà, el alcalde, de
caixer batle, y el veterano
caixer capellana. Mucha bulla y
mucha música. La Banda de Montuïri arropó
la exhibición de jinetes y caballos
envueltos por los entusiastas. Hasta más
que tarde. Porque tras el Jaleo la verbena.
Los Vershions y el Grupo Sarau animaron la
velada de bailes y de jarana.
El
domingo llegó con fuerza. La tramuntana
también quiso participar y refrescó la
abarrotada plaza de Alaior. No cabía ni un
alfiler. Pero lejos de empujones y
traspiés, el Jaleo se desarrolló sin
incidentes. Espectaculares bots y
coreadas cabriolas.
Por la tarde, a
partir de las cuatro, quedaban las comidas.
Que si un cordero en la casa de Xavier, que
si un cabrito en la tanca d'en Pere. Todo
para esperar la desfilada de carrozas, las
últimas pomadas y los fuegos de ¡Fins
l'any que ve!.