JUAN L. ÁLVAREZ VILA
n el termino
municipal de Deià, cuna de poetas y
pintores, escondido entre olivos milenarios
y delicioso olor a mar, encontramos una
propiedad datada del siglo XVII que un día
perteneció al Archiduque Luis Salvador de
Austria y que hoy disfrutan los afortunados
clientes de Sa Pedrissa. La finca es hoy un
destino agroturístico imprescindible si se
pretende sacar el máximo provecho de los
encantos del norte de la isla y si se tiene
un fondo de bolsillo generoso, ya que
relajarse, por ejemplo, en la Suite Vista
Mar supone un desembolso que puede superar
los 400 euros. No obstante, el dueño de la
finca, Sebastià Artigues, hace bien en
destacar que el concepto de caro o barato
va en función de lo que se ofrece y que, en
este caso, tiene poco de austero.
A
principios del siglo XX esta finca de 2230
metros cuadrados fue adquirida por la
familia Morey siendo explotada a lo largo
de décadas como granja hasta que hace cerca
de diez años, declarada Sa Pedrissa bien de
interés cultural, se abrió al agroturismo.
A lo largo de la última década la familia
de Sebastià Artigues y Margarita Morey han
puesto todo su empeño para que a los
inquilinos de las ocho lujosas habitaciones
de que dispone la finca no les falte
absolutamente de nada.
Explica
Sebastià que «nada se puede improvisar, son
necesarios conocimientos económicos y
organizativos pero, sin duda alguna, si por
algo destaca Sa Pedrissa es por el esfuerzo
que mi familia realiza día a día para
conseguir que el cliente se encuentre como
en casa». Y es que el secreto del éxito de
este emplazamiento es el trato directo y
familiar que se dispensa a un cliente que
goza del mejor servicio y calidad así como
de la más absoluta tranquilidad en medio de
la Sierra de Tramuntana.
En un
ambiente idílico empapado de historia y
tradición, los residentes se pueden
abandonar a los placeres de la cocina
mallorquina, de la que se encarga un hijo
de la familia, o sumergirse entre las
burbujas del jacuzzi de unas habitaciones
que aúnan la acogedora decoración rústica
con los servicios propios de un hotel.
«El cliente reclama los servicios
propios de un hotel, es decir, buena
comida, un servicio de calidad, masajes
etcétera dentro de un clima íntimo y
familiar», asegura Sebastià, dueño de la
finca, quien destaca la importancia de que
sea la familia y no cualquier director de
hotel la que se encargue de gestionar desde
la cocina hasta la decoración para
conseguir una dedicación «personalizada a
nuestros visitantes».
Para muestra de
ello sirve la anécdota que nos relató
Sebastià acerca de una famosa joyera
italiana que, al olvidarse en el interior
de la habitación la tarjeta magnética que
permite la entrada, cogió una escalera a
altas horas de la noche para intentar
entrar por la ventana hasta que el mismo
Sebastià se ofreció para abrirle la
puerta.
Quizá sea esa la razón por la
que hay clientes que en diez años han
ocupado hasta en una docena de ocasiones
alguna de las suites o que personalidades
de la familia real y famosos personajes
como Michael Douglas, enamorado de la zona,
sean habituales de Sa Pedrissa.
Sin
embargo, si de algo puede presumir esta
antigua finca, reformada a lo largo de los
últimos años para adaptarse a las
necesidades actuales, es de las excelentes
vistas que se observan desde la piscina y
terraza exteriores. El embriagador aroma
del mediterráneo se funde con la
maravillosa estampa de la Cala de Deià, a
la que se puede llegar a través de un
camino natural desde la
finca.
Tradición.
El presente y futuro del
agroturismo pasa por ofrecer al cliente,
dentro de un ambiente íntimo y personal,
los servicios de comodidad que normalmente
atribuimos a un hotel. No obstante, Sa
Pedrissa reúne también elementos
tradicionales propios de la cultura
mallorquina como la producción de
mermeladas y aceite que mandan hacer en
Sóller y que sirven únicamente para el
consumo propio y el de sus clientes, sin
que sean comercializados en ningún caso.
Por otro lado, una completa bodega de vinos
de la isla termina por hacer de esta finca,
reconocida por el instituto por la calidad
turística española, una exquisita mezcla
entre pasado y presente, entre tradición y
lujo, entre sueño y realidad.