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  Lunes, 14 de agosto de 2006 Actualizado a las 02:50
 

Sa Pedrissa
Vientos de tradición y lujo «vigilando» la Cala de Deià

En uno de los parajes más bellos de la isla, la finca que un día perteneció al Archiduque Luis Salvador lleva diez años ofreciendo a sus clientes un trato familiar y servicios de alta calidad


JUAN L. ÁLVAREZ VILA

n el termino municipal de Deià, cuna de poetas y pintores, escondido entre olivos milenarios y delicioso olor a mar, encontramos una propiedad datada del siglo XVII que un día perteneció al Archiduque Luis Salvador de Austria y que hoy disfrutan los afortunados clientes de Sa Pedrissa. La finca es hoy un destino agroturístico imprescindible si se pretende sacar el máximo provecho de los encantos del norte de la isla y si se tiene un fondo de bolsillo generoso, ya que relajarse, por ejemplo, en la Suite Vista Mar supone un desembolso que puede superar los 400 euros. No obstante, el dueño de la finca, Sebastià Artigues, hace bien en destacar que el concepto de caro o barato va en función de lo que se ofrece y que, en este caso, tiene poco de austero.

A principios del siglo XX esta finca de 2230 metros cuadrados fue adquirida por la familia Morey siendo explotada a lo largo de décadas como granja hasta que hace cerca de diez años, declarada Sa Pedrissa bien de interés cultural, se abrió al agroturismo. A lo largo de la última década la familia de Sebastià Artigues y Margarita Morey han puesto todo su empeño para que a los inquilinos de las ocho lujosas habitaciones de que dispone la finca no les falte absolutamente de nada.

Explica Sebastià que «nada se puede improvisar, son necesarios conocimientos económicos y organizativos pero, sin duda alguna, si por algo destaca Sa Pedrissa es por el esfuerzo que mi familia realiza día a día para conseguir que el cliente se encuentre como en casa». Y es que el secreto del éxito de este emplazamiento es el trato directo y familiar que se dispensa a un cliente que goza del mejor servicio y calidad así como de la más absoluta tranquilidad en medio de la Sierra de Tramuntana.

En un ambiente idílico empapado de historia y tradición, los residentes se pueden abandonar a los placeres de la cocina mallorquina, de la que se encarga un hijo de la familia, o sumergirse entre las burbujas del jacuzzi de unas habitaciones que aúnan la acogedora decoración rústica con los servicios propios de un hotel.

«El cliente reclama los servicios propios de un hotel, es decir, buena comida, un servicio de calidad, masajes etcétera dentro de un clima íntimo y familiar», asegura Sebastià, dueño de la finca, quien destaca la importancia de que sea la familia y no cualquier director de hotel la que se encargue de gestionar desde la cocina hasta la decoración para conseguir una dedicación «personalizada a nuestros visitantes».

Para muestra de ello sirve la anécdota que nos relató Sebastià acerca de una famosa joyera italiana que, al olvidarse en el interior de la habitación la tarjeta magnética que permite la entrada, cogió una escalera a altas horas de la noche para intentar entrar por la ventana hasta que el mismo Sebastià se ofreció para abrirle la puerta.

Quizá sea esa la razón por la que hay clientes que en diez años han ocupado hasta en una docena de ocasiones alguna de las suites o que personalidades de la familia real y famosos personajes como Michael Douglas, enamorado de la zona, sean habituales de Sa Pedrissa.

Sin embargo, si de algo puede presumir esta antigua finca, reformada a lo largo de los últimos años para adaptarse a las necesidades actuales, es de las excelentes vistas que se observan desde la piscina y terraza exteriores. El embriagador aroma del mediterráneo se funde con la maravillosa estampa de la Cala de Deià, a la que se puede llegar a través de un camino natural desde la finca.

Tradición. El presente y futuro del agroturismo pasa por ofrecer al cliente, dentro de un ambiente íntimo y personal, los servicios de comodidad que normalmente atribuimos a un hotel. No obstante, Sa Pedrissa reúne también elementos tradicionales propios de la cultura mallorquina como la producción de mermeladas y aceite que mandan hacer en Sóller y que sirven únicamente para el consumo propio y el de sus clientes, sin que sean comercializados en ningún caso. Por otro lado, una completa bodega de vinos de la isla termina por hacer de esta finca, reconocida por el instituto por la calidad turística española, una exquisita mezcla entre pasado y presente, entre tradición y lujo, entre sueño y realidad.

 
   
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