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EL MUNDO OPINA
Dimisión o destitución
Si ayer calificábamos como falta de
ética y estética la decisión de Joan Verger
de no abstenerse en la votación para la
adjudicación del varadero de Palma a una
empresa de la que ha sido socio, hoy
podemos añadir que probablemente nos
encontremos también ante un hecho ilegal.
Porque no es sólo que Verger, faltando a un
elemental principio ético, votara a favor
de conceder el negocio millonario del
varadero a una empresa en la que hasta hace
poco ha tenido intereses sino que, según
conocemos hoy, sigue compartiendo intereses
en otra sociedad con el adjudicatario del
concurso, que no es otro que Juan Antonio
Riutort, presidente de IP3M. Ambos
mantienen sendas participaciones del 25% en
el accionariado de la sociedad Nuevas
Líneas de Construcción y Equipamientos. Un
hecho más que suficiente para que Joan
Verger dimita hoy mismo de forma inmediata
e irrevocable como presidente de la
Autoridad Portuaria para no manchar más su
trayectoria. Es lo que toca tras haber
favorecido claramente desde la institución
a un empresario con el que todavía mantiene
negocios en común, y encima sin abstenerse.
Y si Verger no tiene la dignidad de dar
este paso, el president Matas, que ha
prometido atajar de raíz cualquier atisbo
de corrupción en la vida pública de
Baleares, debería destituirle de forma
fulminante. Sea como fuere, no puede
continuar ni un minuto más en el cargo.
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