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  Viernes, 4 de agosto de 2006 Actualizado a las 01:55
 

PUERTOS
Verger ocultó sus vínculos con Riutort con un contrato privado

Metió a su íntimo en la empresa con un documento que nunca hizo público


ESTEBAN URREIZTIETA

PALMA.- Joan Verger ocultó la presencia de Juan Antonio Riutort en la empresa Nuevas Líneas de Construcción y Equipamiento, S.L., mediante el contrato privado que se reproduce en esta página. El 22 de marzo de 2000 se reunió en Palma la junta de accionistas de la empresa. En aquel momento estaba compuesta por los socios fundadores. Esto es, los hijos del ex jefe de Costas de Baleares Antonio Garau, representados por él mismo, y el actual presidente de la Autoridad Portuaria. Los Garau disponían en aquel momento del 50% de las participaciones y Verger de la mitad restante.

Mediante una ampliación de capital por importe de 3.850.000 pesetas se dio entrada a Juan Antonio Riutort, que accedió a través de su sociedad Es Moll de Campos, S.L. De esta forma, el presidente de IP3M pasó a disponer del 25% de la constructora, Joan Verger del otro 25% y los Garau del resto de las acciones. Desde aquel 22 de marzo y hasta la fecha la composición del accionariado de la sociedad no ha variado, tal y como han confirmado a este periódico fuentes próximas a la misma.

Esta práctica, la de no elevar a pública la venta de acciones, vulnera además el artículo décimo de los estatutos de la propia sociedad -rubricados por todos los socios- y que especifica que «la transmisión -de participaciones- deberá constar en documento público».

Las fiduciarias

No es la primera vez que Joan Verger recurre a la fórmula de los contratos privados en sus empresas. En la ya famosa IP3M fue el propio líder popular el que accedió no sólo mediante un contrato privado sino oculto en dos sociedades interpuestas, conocidas técnicamente como fiduciarias.

Concretamente de dos constructoras. Ambas desaparecieron apenas un día después de la entrada en la empresa náutica. La primera en hacerlo fue Torrent d'Obres i Servicis Auxiliars de la Construcció 2000, S.L. La otra, Projectes i Obres Balears 2000, S.A., corrió poco después la misma suerte que la anterior. Tras las disoluciones, Verger se adjudicó un total de 482 participaciones de IP3M. Desembolsaba 6.010 euros y se hacía con el 8% de las acciones. Corría el mes de julio de 2002.

Tan sólo dos años después, el paquete que le fue vendido a un módico precio se disparó un 120% gracias a la explotación de los 154 amarres del puerto deportivo de Marina Port de Mallorca, situado en pleno Paseo Marítimo de Palma. Prueba de ello es que el mismo porcentaje que el suyo fue vendido por otro socio por 721.215 euros.

Quien le propuso entrar en este boyante negocio fue su hasta hace poco íntimo Antonio Garau Mulet, ex jefe de Costas de Baleares, que fue el verdadero cerebro de una sociedad que, recién creada y sin contar con experiencia alguna en el sector, logró la adjudicación de la céntrica marina en 1998 por un plazo de 14 años.

Desde IP3M, Verger y Riutort diseñaron una estrategia para engrosar los beneficios de la sociedad. Decidieron cobrar a los clientes de los amarres unos gastos de comunidad ilegales que no estaban contemplados en los pliegos del concurso y que le reportarían a la empresa unos 360.000 euros de más al año. Se trataba de hacer pagar a los clientes por servicios como el botiquín de primeros auxilios o el uso del parking común.

Conscientes de que esta práctica no se ajustaba a las bases de la licitación, la empresa encargó un informe jurídico a dos prestigiosos catedráticos de Derecho Administrativo, Alfredo Gallego Anabitarte y Angel Menéndez Rexach. Su intención, tener una coartada a la que agarrarse. Sin embargo, los expertos emitieron su resolución en contra de los intereses de su cliente. IP3M abonó religiosamente sus servicios a los reputados juristas y se limitó a guardar su informe en un cajón.

Denuncia 'congelada'

Garau acabó rompiendo su relación con sus ex socios por motivos económicos y se vengó de ellos denunciando los gastos comunes que había venido cobrando la empresa a sus clientes. Esa denuncia cayó en la mesa de Joan Verger siendo ya presidente de la Autoridad Portuaria, cargo que ostenta desde 2003. La opción escogida por el líder popular pasó por no tramitarla. Hasta el punto de que el expediente le caducó en sus manos sin hacer una sola indagación. Sin abrir una sola diligencia.

EL MUNDO/El Día de Baleares contó la estrategia de Verger para favorecer a sus ex socios y éste se vio obligado a tramitar la pertienente sanción. Al final acabó multando a IP3M con 32.000 euros y a pesar de admitir la «gravedad» de los cobros que él mismo gestó, no obligó a su antigua empresa a reembolsar el dinero que había venido cobrando de más.

La empresa sancionada se ocultó bajo un nuevo nombre y decidió optar al mayor concurso de los últimos tiempos. Poco le ha importado a Verger que la ganadora no sólo sea su antigua empresa sino que cuente en su haber con una sanción por llevar a cabo cobros ilegales a sus clientes. Prueba de ello es que no sólo no se abstuvo en la votación sino que votó a favor de Riutort, ocultando una vez más, la relación mercantil que le sigue uniendo a él.

 
   
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