LORENZO MARINA
PALMA.- El Mercedes
negro hizo caso omiso a las señales de
alto. Los policías comunicaron que un
vehículo se había saltado el control y se
daba a la fuga a toda velocidad. Unos
metros más adelante lograron interceptar el
coche fugitivo. El conductor se resistía a
abrir la puerta. Cuando los policías
lograron abrir, su acompañante seguía
ensimismada practicándole una
felación.
Sobre las cinco de la
madrugada, el control de los antidisturbios
de la Unidad de Intervención del Cuerpo
Nacional de Policía y los agentes de la
Policía Local habían convertido la avenida
de Joan Miró en una suerte de
embudo, a la altura de Porto
Pi.
Las medidas de seguridad se han
multiplicado desde que la Familia Real se
encuentra en pleno pasando sus vacaciones
estivales en Mallorca.
Los controles
aleatorios son uno de los principales
dispositivos. Antidisiturbios con sus
fusiles y agentes de la Policía Local
desvían a todo aquel coche que consideran
sospechoso.
Señales
luminosas
Tal fue el caso del
Mercedes negro. El conductor no respetó las
señales que le hacían con los conos
luminosos los policías. De hecho, siguió su
veloz carrera como si tal cosa. La voz de
alarma se disparó entre los
policías.
El siguiente control fue
mucho más expeditivo. Los policías
interceptaron el coche fugitivo y tomaron
precauciones. Cogieron sus armas y las
amartillaron. Mientras tanto, el conductor
del coche, un mallorquín de 34 años, se
resistía a descender del
automóvil.
En un principio, los
policías sospecharon que el conductor se
encontraba completamente solo. No fue así.
La cabeza de la mujer que le acompañaba,
una joven del Este, se encontraba entre las
piernas del conductor.
Ni siquiera
las sirenas, los avisos por megáfono, y el
nutrido dispositivo policial apostado en
plena avenida de Joan Miró lograron, en
absoluto, que la pareja interrumpiera el
apasionado encuentro sexual en el coche.
El conductor del automóvil se
resistió a abrir la puerta del Mercedes.
Fueron los propios policías los que
abrieron el coche. La mujer continuaba
practicándole la felación al conductor,
desnudo de cintura para abajo.
A
continuación, los policías conminaron a los
ocupantes del Mercedes a que descendieran
del automóvil. El conductor no pudo apearse
del vehículo, al tener los pantalones a la
altura de los tobillos. Una vez que el
hombre se abrochó los pantalones y la mujer
se incorporó, los policías le hicieron
soplar, esta vez, al conductor.
El
control de alcoholemia corroboró algo que
ya era muy evidente a simple vista. El
conductor se encontraba conduciendo bajo
los efectos del alcohol. A continuación,
los policías detuvieron al conductor por un
delito contra la seguridad en el
tráfico.