¿Hay alguien ahí? Me presentaré, soy el
individuo que ha leído el Estatuto Balear y
exultante de alegría debo llamar la
atención sobre ciertos temas. Es lógico que
al tratarse de un texto oficial no guarde
ningún tipo de conexión con la poesía e
incluso si fuera un provocador diría que
me pone. No es verdad. La líbido
hace tiempo que está sepultada por las
toneladas de incitaciones que nos brindan
los radicales de la barretina, en su deseo
de que nos intitulemos Països
catalans.
Artículo 1. No somos
nación. ¡Que maravilla! Nuestros políticos
siguiendo la recomendación de los sabios
han tenido la delicadeza de no trabajarnos
el ego, por lo que tampoco nos veremos
inmersos en el embolic que se han
metido los congéneres del inefable Josep
Pla, por cubrir su principal
obsesión: sa Nació. El pretexto está
servido. «Quieren tanto a Cataluña que
viven de ella», manifestaba un mediano
empresario que decidió venirse a Mallorca,
ya que no estaba dispuesto a pagar los
gastos de viajes, hoteles, restaurantes,
sueldos y prebendas de Artur Mas,
Carod Rovira, Maragall… y sus
respectivos familiares y amigos so pretexto
del amor a la tierra. Por aquí hay más
seriedad, no se juega con los sentimientos
para hacer olvidar el elevado importe de
los productos esenciales.
Artículo 3.
La lengua catalana propia de les Illes
Balears, tendrá junto con la castellana el
carácter de idioma oficial. «Libertad,
libertad, bendita libertad…» (aquí, amigo
lector, sin ningún rubor puede seguir
entonando la conocida melodía). «Viva la
madre que te parió, Jaume», exclamó
el bueno de Jacinto que vive en Son
Gotleu y que teniendo nietos mallorquines
que hablan perfectamente la lengua de
Alcover, se enreda como un ovillo
cuando debe pronunciar:
habitabilitat. Los catalanes «que
viven del nacionalismo», para despistar han
recogido en su Estatuto la cooficialidad
del castellano. La realidad es otra; desde
los impresos oficiales, hasta los
comunicados de prensa, pasando por las
etiquetas, rótulos, recetas médicas, etc,
todo es en catalán. Goebbels, no lo
hubiera hecho mejor.
Artículo 11,
apartado 7. La Comunidad Balear
desarrollará normas para la protección del
medioambiente, de los espacios naturales y
de la ecología. Alegría, alegría. Se acabó
de mancillar montañas con edificaciones
improcedentes como ocurre en Andratx o de
construir rascacielos hiriendo el paisaje,
versus Magalluz. Adiós GOB, tendréis que
cerrar, pues no será necesario que llaméis
más la atención sobre los millones de
metros cuadrados que se asfaltan cada año
en Mallorca. PSM, enhorabuena, os
ahorraréis cientos de euros en pasquines
avisándonos que se están cargando la isla.
Hay que saberlo, en el artículo 11 apartado
7 del Estatuto Balear se encuentra la
solución a nuestra intranquilidad por el
futuro paisajístico.
Artículo 21.
Podrán ser elegidos Diputados del
Parlamento los ciudadanos españoles
residentes en las Islas Baleares.
¡Forasteros, nacionalizados,
extracomunitarios y gentes de buen vivir a
por el poder! Es necesario, ya que las
dinámicas actuales exigen que aparezcan
nuevos rostros. Recordemos algunas de las
anomalías más significativas: 1) Los
Ayuntamientos sacan a subasta terrenos con
cifras especulativas, sin contemplar
sociedades mixtas a estructurar con la
iniciativa privada al objeto de ejecutar
viviendas a precios naturales. 2) Existe
demasiado gasto en medios de comunicación
institucional, cuando los entes privados
satisfacen adecuadamente esta demanda y 3)
Se ha producido un acusado sectarismo en
los intereses de forma que si el poder
lo toman unos, automáticamente para
los otros no quedan ni las raspas.
Conclusión: El cambio no debe producirse
por un texto que debido al signo de los
tiempos hemos denominado El Estatut, habrá
que colaborar en su praxis si deseamos una
sociedad más justa.