Ya tenemos encima la huelga de todos los
veranos. Los pilotos de Iberia, con nulo
sentido ibérico, se dedican a tocar las
pelotas de los clientes para hacer presión
a la compañía. No quieren la competencia de
una nueva línea de bajo coste y pretenden
lograr aumentos a los veinticinco kilos que
ganan de media al año. Nada nuevo bajo el
sol.
Nosotros sí queremos una nueva
línea de bajo coste porque estamos hartos
de pagar más por viajar de Baleares a
Madrid que por ir a Munich. Y nos parece
abusiva e injusta la conducta de los
mimados pilotos y su dictadura de
proletariados de lujo.
Qué poco
tienen que ver estos pilotos con los que
podían estar en Son San Joan cuando lo
mandaba mi abuelo, marino y aviador,
Amaro Gómez-Pablos. En esa época no
había este tipo de huelgas cainitas.
Rudi Bai, Jesús Rubio Paz
(también conocido como Satanás Moreno
Guerra), el Palomo, el Rosco
y la Pava, Gallarza,
Alfonso Echegaray, Angel
Ibarra, Kindelan… todos venían
de la disciplina militar y hacían gala de
una generosidad natural hija del señorío.
No creo que se les ocurriera actuar jamás
jodiendo a los clientes para presionar a la
compañía. Eso les hubiera parecido indigno,
algo propio de ambiguos alfiles que se
mueven diagonalmente en lugar de ir de
frente. Pero ahora sólo mandan los números
y los sindicatos ponen en jaque a las
compañías, provocando un daño irreparable a
la imagen turística de la que viven las
Baleares. Reagan ya les hubiera
echado a todos a la calle (lo hizo con una
abusiva huelga de controladores) pero aquí
están en una situación de impunidad total y
machacan los intereses de los que ninguna
culpa tienen condenándoles cuando se les
antoja a cancelaciones y esperas
aberrantes.
Además, cada vez te
tratan peor. El socialismo ha triunfado
igualando todo por lo bajo. Ya ni en los
trenes hay un bar decente, en los barcos
casi todo parece cochambroso, y en los
aviones te cobran por un vaso de agua y te
acortan el espacio del asiento cada semana.
Que se joda el cliente. Ésa es la fácil
consigna para pilotos y directores que sólo
piensan en el profit, nombre del
becerro de oro del masificado y turístico
siglo XXI.
Actualmente un aeropuerto
es de los sitios más incómodos del mundo, y
conseguir información correcta a tiempo es
una misión imposible. Estás en sus manos y
a la hora de protestar hay que enfrentarse
a legiones de picapleitos que te ahogan
burocráticamente.
En estos días
regresa con fuerza la pregunta de la bella,
dulce y triste Francoise Sagan: «Oh,
pero usted ¿todavía viaja?». Y es que, con
tanta globalización de la gilipollez, se lo
están cargando todo.