VÍCTOR SEARA
Especial para EL
MUNDO
Se esperaba que en las
jornadas previas al Gran Premio de Francia
del próximo domingo se moviesen algunas
piezas en el mercado de fichajes de la
Fórmula 1, pero lo que nadie podía prever
es lo que ha sucedido. Juan Pablo Montoya
desaparece inmediatamente de la competición
y cede su lugar a Pedro Martínez de la Rosa
en la escudería McLaren Mercedes. El
anuncio de su marcha a la Nascar americana
lo hizo el pasado domingo en Chicago,
aunque a la escudería ya se lo había hecho
saber un par de días antes. A partir de ese
momento, la futura formación de Fernando
Alonso comenzó a trabajar para despedir al
colombiano antes de tiempo.
Mientras, Pedro de La Rosa volvía a
su casa de Barcelona después de haber
probado en el circuito de Jerez, donde
había sido el más veloz. El catalán supo
enseguida que tenía que prepararse para una
buena oportunidad. «Por supuesto que estoy
encantado de poder correr con el MP4-21, un
coche en el que estoy verdaderamente
cómodo», comentó ayer el español, que fue
quinto en su última carrera, el 3 de abril
de 2005 en Bahrein. «Conozco el MP4-21
mejor que nadie y confío en que podré
lograr puntos importantes para el equipo en
el Campeonato del Mundo», añadió.
McLaren Mercedes emitió ayer un
comunicado en el que oficializaba el
relevo: «El equipo ha decidido que Pedro
Martínez de la Rosa se sume a Kimi
Raikkonen en la parrilla de salida», se
podía leer en la nota, tras confirmar que
prescinde de Montoya para el resto del
curso. En principio, el español debería
estar en el monoplaza plateado hasta la
última carrera de Brasil, pero todo
dependerá de cómo vayan las cosas en estas
primeras carreras. Lo que busca McLaren con
él es la estabilidad para un coche que ha
tenido innumerables problemas este año en
manos de Montoya.
«Saber que llegué
a la Fórmula Uno, que corrí en Williams, en
McLaren y que hice poles para los
dos es increíble. Viniendo de Colombia y
con todos lo que tuve que luchar. Debo
darle gracias a Dios», valoró el piloto
saliente.
El equipo no teme perder la
tercera plaza en el Campeonato de
constructores, pero desea que todo se
desenvuelva con una seriedad que con el
colombiano habían perdido definitivamente.
Fueron tres los accidentes inexplicables y
otras tantas las broncas con sus jefes en
este año. Ellos nunca le perdonaron
completamente su percance de 2005, ése que
le impidió competir en un par de carreras y
que influyó de manera decisiva para que el
equipo perdiese carácter contra el ímpetu
de Renault, escudería que se quedó con los
títulos de marcas y de pilotos. Para esta
temporada, esperaban una reacción positiva
del irascible piloto de Bogotá, pero el
mediocre rendimiento del coche y la
reproducción de los problemas han terminado
con su futuro en esta marca.
Una y
otra vez, el colombiano, que será padre por
segunda vez a finales de año, declaraba
estar tranquilo acerca de su futuro, pero
lo cierto era que ninguna escudería le
ofrecía algo consistente. Llegaron un par
de acontecimientos que terminaron por
decidirle. Por un lado, los catastróficos
Grandes Premios de Canadá y Estados Unidos,
en los cuales abandonó por incidentes en
pista, el último de éstos involucrando a su
compañero de equipo Kimi Raikkonen y a
otros tres coches. Y por el otro, el
encuentro con su antiguo jefe, el
multimillonario Chip Ganassi, quien le
ofreció un suculento contrato y la
posibilidad de hacerse con otra buena
cantidad de premios que otorga la Nascar. Y
Montoya, que ama vivir en Estados Unidos y
no estar obligado a contener su redondeada
figura, no lo pensó dos veces.