RUBEN AMÓN
Corresponsal
PARÍS.- La página cinco del
diario L'Equipe sorprendía a los
lectores con la foto de un anuncio que
mostraba a Zidane sonriendo paternalmente
junto a un niño magrebí. La iniciativa
proviene de una marca de productos lácteos
y confirma que los patrocinadores del
planeta Zizou -Orange, France
Telecom, Adidas, Danone- mantienen en vigor
los contratos con el crack.
Será porque la brutal agresión a
Materazzi demuestra su condición humana. O
será porque la opinión pública francesa ya
ha excusado abrumadoramente al capitán
bleu. Una encuesta realizada por el
diario Le Parisien arroja que el 61%
de los compatriotas perdona a Zidane,
mientras que el 52% de los entrevistados
confiesa, incluso, entender su
reacción.
El episodio más escandaloso
de Mundial y de la biografía de Zidane
comienza a esclarecerse. Empezando porque
Materazzi admite con matices haberlo
insultado. O sea, niega haberse acordado de
su madre -«la mamma è sacra»- y rechaza
haberle llamado terrorista. Pero... «Fue
uno de los insultos que se dicen docenas de
veces y se quedan en el campo. No le llamé
terrorista. No soy una persona culta y no
sé lo que es un terrorista islámico»,
señalaba ayer el central interista
en declaraciones al diario La
Gazzetta dello sport.
Cuarenta y
ocho horas después del cabezazo al
esternón, adquiere peso la hipótesis de que
Materazzi ultrajó verbalmente a la hermana
de Zidane. Ya lo había anunciado la cadena
brasileña O Globo, aunque
quedaba pendiente aportar las pruebas
materiales. Más o menos serían las
siguientes: Materazzi sujeta el
maillot de Zidane cuando el balón
está lejos de ambos. «Suelta ya mi
camiseta. Si te gusta tanto, te la doy al
final del partido», habría dicho
Zizou. «Prefiero la camisa de la
puta de tu hermana», habría respondido
Materazzi. Diarios británicos como Daily
Mirror y The Times han recurrido
a expertos en lectura de labios y a peritos
policiales para añadir ulteriores detalles.
Entre ellos que Materazzi habría dicho a
Zidane que era «un hijo de puta
terrorista... como todos los musulmanes».
No era el mejor momento de mentar a la
madre. Sobre todo porque la señora Zidane
había sido intervenida quirúrjicamente hace
menos de un mes y se encontraba en periodo
convaleciente.
Ambas circunstancias
pueden explicar el gesto de Zidane, pero no
lo justifican ni le apartan de un historial
propenso a las expulsiones: 14 veces ha
visto Zizou la tarjeta roja desde
los inicios de su carrera, casi siempre
como resultado de una reacción violenta.
Incluidos un puñetazo a Desailly (1993), un
pisotón con todos los tacos al capitán
saudita Amin (1998) y un cabezazo en la
cara al futbolista del Hamburgo Jochen
Kientz (2000).
Unos y otros episodios
pueden leerse con detalle en las crónicas
inquisitoriales de la prensa italiana, de
modo que la francesa ha reaccinado con un
repaso al expediente homicida de
Materazzi. Le recuerdan los pecados de
haber lesionado a Shevchenko, Vieri,
Inzaghi y Cannavaro, así como rememoran
detalladamente el día en que el fornido
central italiano dio un puñetazo a un rival
del Siena, Bruno Cirillo, en el túnel de
vestuarios (2004).
Semejante
comportamiento le costó dos meses de
sanción. ¿Qué castigo podría infligirle la
FIFA a Zidane? Pese a su retirada, decidió
abrirle ayer una investigación
disciplinaria «para aclarar las
circunstancias en que se produjo la
agresión a Materazzi». La iniciativa suena
a decisión salomónica, una forma de
compensar la evidencia de haberle premiado
como el mejor jugador del Mundial, aunque
la propia FIFA aclaró también ayer que son
los periodistas especializados quienes
emiten el voto.