Hace tiempo que los ecologistas que
podríamos llamar «oficiales» -Greenpeace o
el GOB, por ejemplo- han perdido, para mi
al menos, toda credibilidad: no dudan
jamás, dogmatizan lo que son simples
hipótesis, practican un catastrofismo de la
peor especie y son sectarios a la hora de
repartir palos. Les ayudé periodísticamente
en su momento y, a día de hoy, pienso que
fue un error.
Por ejemplo, Greenpeace
-que calló como un muerto mientras
consistorios socialistas destrozaban
Calviá, Pollença y Marratxí- se despacha
ahora con un informe muy crítico con
nuestra autonomía que, como suele ser
habitual y en ejercicio supremo de auto
odio, jalea toda la prensa epigonal y los
políticos que han protagonizado los mayores
desastres urbanísticos en nuestra tierra.
Dice Greenpeace que el modelo territorial
balear es «insostenible», pero resulta que,
en su mismo Informe, Baleares es, con
diferencia, la región española con su
litoral menos construido: Valencia nos
sextuplica, Cataluña nos más que
septuplica, Andalucía casi nos quintuplica,
Galicia nos triplica y la que más se
aproxima a nosotros -Asturias- con un 8,9
de su litoral construido, casi nos duplica.
Es decir, estamos a años luz del resto de
la costa española y, desde luego, a más
años luz del litoral mediterráneo francés e
italiano.
¿Dónde está la
«balearización» que con morbosa y
deshonesta delectación claman, con voluntad
de dañar a nuestras islas y a nuestro modus
vivendi, los ecologistas y la izquierda en
general? ¿Cómo tiene la caradura Greenpeace
de escribir lo que escribe sobre
Baleares?