¿Qué cualidades hacen falta para ser un
buen alcalde? En realidad solo una: que
quien ostente el cargo le quepa la ciudad
en la cabeza, lo cual quiere decir que
tenga un proyecto para la población que
dirige y que sepa y pueda llevarlo a
término. Aunque esto nos aboca directamente
a una segunda condición: que disponga
también de un equipo competente porque para
llevar a cabo ciertas tareas no es posible
tirar del carro uno solo.
Todo lo
demás es accesorio si bien, habida cuenta
que ciertas administraciones municipales
han devenido últimamente en una especie de
cueva de Ali Babá, tampoco está de
más que la honradez figure entre las
cualidades exigibles a un buen edil. Y
Catalina Cirer, la mejor alcaldesa
que ha tenido Palma, ostenta estas tres
cualidades aunque no necesariamente por el
orden en que se han expuesto.
De la
honradez de la alcaldesa nadie, ni siquiera
una oposición que ve corrupciones hasta
debajo de la cama, se ha permitido dudar.
Es casi espartana y no se le conoce el
menor síntoma de ostentación. Ni tan solo
en el vestir que es por donde a veces se
pierde la mujer. Y esta honradez la
transmite, si acaso no le meten goles, a
toda la administración municipal.
Ha
dispuesto de un equipo en el que algunas
personas -ahí está Rodrigo de Santos-
tienen la cabeza bien amueblada y han
realizado una gestión si no brillante, que
también, si eficiente aunque también ha
tenido que cargar en su equipo con algunos
floreros, pero ya se sabe que las listas no
las hace el candidato a alcalde si no el
partido, y en los partidos a veces medra el
pelota antes que el más competente para
desempeñar un cargo.
Y en cuanto a
tener un proyecto de ciudad, aunque todo
sea discutible, estamos ante una Palma en
obras lo cual quiere decir que existía
voluntad de abordar la modernización de
ciertas infraestructuras y dotar a Palma de
equipamientos acordes con su importancia. Y
lo que quedará tras el paso de Cirer por la
alcaldía será notable.
Aunque en
defensa de Cirer todavía podríamos añadir a
su mandato una cualidad más: está pero no
se nota. Y puesto que el poder siempre es
ofensivo, resulta de agradecer contar con
una alcaldesa que, preocupándose sin duda
por su ciudad, es de una discreción tal que
no resulta en absoluto molesta para nadie.
Que más puede pedirse entonces.