Catalina Cirer es tan poco
adecuada para ser alcaldesa de Palma como
yo para responder negativamente a la
pregunta que hoy formula este periódico.
Quede claro desde el principio que Cirer me
cae bien. Es una buena persona y una
ciudadana del mundo que sabe a qué cultura
pertenece, que no es ninguna nimiedad en
estos tiempos.
Cuando en junio de
2003 este mismo periódico publicaba que
Javier Rodrigo de Santos se
perfilaba como el nuevo hombre fuerte de
Cort -»la cabeza pensante» titulaba-, no
había que valorar su nombramiento como
teniente de alcalde de Urbanismo en función
de su buena relación con la alcaldesa, sino
en función de las cuotas de poder que las
familias del PP se reservaban en el
consistorio postfagediano.
De
hecho, cuando en una de sus primeras
entrevistas, Rodrigo de Santos afirmó que
«el PP de Baleares debe seguir una política
menos nacionalista estatal y menos
españolista, algo que no es contradictorio
de la defensa de los intereses de España ni
implica hacer un nacionalismo cutre de los
intereses de Baleares», estaban dándole la
primera en la frente a su superior, nada
sibilinamente por cierto. Don Javier tiene
una idea diametralmente opuesta a la mía y
a la de Cirer en relación a lo que es cutre
y a lo que no lo es.
Quienes ahora
ponen en solfa la bondad de Cirer como
alcaldesa, lo hacen movidos por la cutrez,
olvidando que fue y sigue siendo la mejor
candidata del PP para esta ciudad dormida.
Y esto que acabo de escribir, sin embargo,
no debe hacer suponer al lector que yo
considere a Catalina Cirer como la persona
más adecuada para presidir el Ayuntamiento
de Palma. Lo único que sí pretende dejar
claro es que, en todos los casos, es más
adecuada a mi parecer que Javier Rodrigo de
Santos.
De Cirer diré que, como
todos (exceptuando al mejor alcalde que ha
tenido esta ciudad desde la Transición), ha
pasado desapercibida menos con motivo del
obsequio de unos patucos. En fin, Palma
sigue siendo una ciudad anodina y lo
seguirá siendo mientras no tenga un alcalde
que remueve sus cimientos, no para poner
cable sino para modernizarla y hacerla
querida para quienes la habitan. Por el
momento, es inhóspita y está cada vez más
masificada, gracias entre otras cosas a sus
tenientes de alcalde de Urbanismo que han
dejado construir sin contar con el colapso
de las infraestructuras y servicios. Lo
dicho, una cutrez.