PEDRO BONET
Rafa Nadal no
cesa en su empeño de alcanzar a Federer en
el que hasta ahora es el único apartado en
el que demuestra su supremacía: la
puntuación oficial ATP. Tras su victoria de
ayer el mallorquín obtuvo 700 puntos,
porque era la primera vez que llegaba a la
final de Wimbledon. No sólo no tenía puntos
que defender, sino que a partir de la
tercera ronda sólo podía sumar. A día de
hoy tiene ya 5.125.
Esta cifra supone
mejorar sus registros de la pasada
temporada. Rafa acabó 2005 con 4.940
puntos, a los que llegó tras proclamarse
campeón del Masters series de Madrid.
Luego, aquella maldita lesión le impidió
disputar el Masters en Shangai y el primer
Grand Slam de la temporada en
Australia.
De todos modos, pase lo
que pase mañana en la final, el suizo Roger
Federer seguirá a una distancia
considerable. El suizo sumaba antes de
comenzar Wimbledon 7.260 puntos, y se ha
asegurado su cuarta final consecutiva. A
Rafa le pasa factura la lesión que le dejó
fuera de Australia, torneo en el que
Federer se impuso en la final precisamente
a su rival de ayer, el chipriota
Baghadatis.
Eso sí, quedan aún muchos
torneos y un Grand Slam a la vuelta de la
esquina, el Open USA, en el que Rafa está
en condiciones de volver a recortarle
puntos al suizo. Aunque es materialmente
imposible que este año 2006 esté en
condiciones de acceder al número uno. 2007
podría ser el año en el que le destronara,
si le respetan las lesiones y sigue en este
enorme nivel de juego que demuestra en cada
partido, y que le convierte sin duda en la
gran atracción del torneo, muy por encima
del propio Federer, y la mejor prueba de
ello es que el contrato del mallorquín con
Nike es mejor que el del suizo con la misma
marca de ropa deportivo, y la razón de ello
es que la imagen de Nadal vende
infinitamente más que la de
Federer.
Por cierto que con toda
seguridad el lunes Nadal estará en la isla,
donde será objeto de un merecido homenaje,
porque pase lo que pase en la final de
mañana, lo cierto es que nadie se esperaba
que el mallorquín pudiera llegar tan lejos
en un torneo en el que nadie le consideraba
a priori como favorito, sobre la hierba de
Wimbledon.