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  Viernes, 23 de junio de 2006 Actualizado a las 01:49
 

A CAPÓN
La vecindad

DAVID TORRES


Tienen razón los náufragos recalcitrantes y los anacoretas al montarse en una columna: el ser humano está mejor solo. La vecindad es un concepto que ha fastidiado a la Humanidad desde que el mundo es mundo. Salvo raras y escasas excepciones, tener un vecino es tener un enemigo natural, dispuesto a comerte vivo.

Créanme, la mejor relación que puedes mantener con un vecino es ninguna. Que no lo oigas y que él no te oiga a ti. Por ejemplo, el vecino que vive encima de mí ha vendido su casa y el nuevo vecino ha decidido emplear el verano practicando el deporte nacional español: la obra. Durante meses tendré que soportar, justo encima de mi cabeza, una sinfonía de martillazos. Así sabré de la existencia de algo cuya existencia ignoraba (el piso superior) y lo haré gracias a que la naturaleza, que pudo prever la bipedestación pero no el hilo musical ni la taladradora, no nos proveyó de párpados en las orejas.

En política internacional, esta observación es una ley. Polonia podía haber sido la Francia eslava, pero sus vecinos no la dejaron. En 1791 los polacos dieron a luz una Constitución que se adelantó meses a la francesa pero a austriacos, prusianos y rusos la idea de tener un vecino libre no les hizo mucha gracia. Borraron Polonia del mapa, literalmente, durante un siglo entero. Tras su traumático renacimiento en virtud del Tratado de Versalles, Stalin y Hitler se estrecharon la mano en secreto para repartirse Polonia de nuevo y así demostrar a los futuros historiadores y a los nostálgicos cerriles que comunismo y nazismo son dos caras de una misma moneda: la de un César totalitario y asesino. Ya le hubiera gustado a Polonia ser una isla, o al menos, una península.

Pero en las islas tampoco está uno a salvo de los vecinos. Que se lo pregunten al vecino de Isidre Cañellas, pobrecito. El primer teniente de alcalde del Ayuntamiento de Calvià ha decidido alterar un proyecto público por su cuenta y riesgo para que no toque ni un pelo de su finca y le ha echado toda la basura al vecino. No sé los de los otros países, pero el bien común es un concepto que todavía no han entendido los políticos españoles. Aquí, lo común es que uno se forre si se dedica a la política y que use un cargo público para beneficio individual. No en vano, Cañellas es líder de UM, un partido cuyas siglas forman no una palabra sino una sospecha. Ummmm.

Hay vecinos que son como el imperio austro-húngaro. Cañellas ha tenido la gracia de asegurar que el trazado del paseo ha sido modificado, entre otras cosas, porque las vistas que se ven desde la finca de su vecino son más bonitas. Si no quedan humoristas en este país es porque no hay que buscarlos en las salas de fiesta, sino en las alcaldías, los gobiernos autónomos y las sedes de los partidos políticos.

 
   
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