¿Se está kale-borrokizando Mallorca?
¿Tendrá que negociar ZP con los violentos
para que haya paz en las Islas? Este
sarcasmo podría parecer absurdo hace unos
años, pero esa posibilidad ha pasado ya de
imposible a poco probable y hay quien opina
ya que ese poco es muy optimista,
porque nunca antes se habían dado casos de
violencia como los actuales.
Hace
meses los lectores de los periódicos se
desayunaban con las reiteradas noticias de
agresivas pintadas en varias de las sedes
del PP en Baleares. Las pintadas se han
convertido en agresiones físicas y a los
bienes privados de los miembros del Consell
de Eivissa y Formentera relacionados con el
desarrollo de la política viaria y el
desarrollo de las infraestructura.
El
viernes pasado un guardia civil de paisano
que caminaba por la palmesana barriada de
Santa Catalina recibió varios puñetazos y
un mordisco en el hombro por haber cometido
la imperdonable provocación de
llevar una bandera española como adorno de
su polo. El mordisco se lo dieron donde
llevaba la imagen patria. Hubo un detenido,
un sujeto con antecedentes por amenzas,
agresiones y atentado contra la
autoridad.
La agresión al coche
familiar de Pérez Argüelles es poca cosa al
lado de éstos y otros hechos, pero parece
formar parte de una nueva moda, de una
reacción violenta que es cada vez más
frecuente -los extremistas parecen creer
que pueden actuar impunemente- contra
quienes se atreven a pensar de forma
distinta a la de la izquierda radical en
materias como la lengua, la política
medioambiental o el concepto de familia y
de educación.