Parece que el Consell, más de Munar que
de Mallorca, se ha especializado en
castigar a los que constituyen un estorbo
en la carrera política y económica de la
presidenta. Llámense los castigados
Ayuntamiento de Palma, Nuñez y Navarro o
este periódico. Nunca en lo que llevamos de
autonomía se había visto un ejercicio tan
personal, patrimonial, ilegal y despótico
del poder, con la ayuda impagable de este
fiel escudero que se llama Bartomeu Vicens
en su rol de brazo armado ejecutor de la de
Costitx.
No es el único sicario en la
ejecución de las venganzas de Munar. Le
acompañan Pedro Serra y sus medios de
comunicación y Joaquín Rabasco, el imputado
por robar más de un millón de euros
públicos. El trío no es casual, sino, de
alguna manera, lógico: les une a todos
ellos el pánico a que sus escándalos sean
descubiertos y juzgados, socialmente o
judicialmente. La joint venture
Munar-Serra viene de lejos y se ha
materializado en varios miles de millones
de las antiguas pesetas en subvenciones y
publicidades varias, por una parte, y en la
adulación periodística más patética de «la
mujer más rica de Mallorca» como gusta
decir a Pedro Serra. Pero esta joint
venture alcanzó su cima más explícita
en el intento de pelotazo de Son
Massot que este periódico desbarató y
relató con pelos y señales. Sólo faltaba el
imputado Rabasco que es el debía hacer el
trabajo sucio de la denuncia.
Lo más
inquietante de la pretensión de este trío
no son ni los ataques a EL MUNDO/El Día de
Baleares -anchas son sus espaldas- ni las
impertinencias y repugnantes actuaciones
que han acompañado con frecuencia la guerra
contra nuestro diario. No, lo inquietante
es el intento nada disimulado de acallar a
un medio de comunicación incómodo porque ha
desvelado las miserias corruptas de los
tres personajes. Lo que confiere a este
asunto un plus de ominosa vergüenza es la
condición pública de Munar y la utilización
miserable de la institución que
preside.
Por lo demás, allá penas. Lo
tienen difícil. La planta de Omniprint se
erigió con todos los sacramentos legales y
sólo la tardanza de Gesa en aportar la
energía eléctrica necesaria explica la
atípica situación de unas empresas
pendientes de la legalización de todo un
polígono.
Así lo entendió la juez de
lo Contencioso al desestimar la pretensión
de cerrar las instalaciones de Omniprint.
Pierden, pues, el tiempo Munar, Serra y
Rabasco al intentar, por vías indirectas y,
en definitiva, cobardes, tapar la boca a un
periódico que ha descubierto a Munar sus
piñatas, sus concursos extraños, y
sus gravas; que ha denunciado públicamente
el pretendido pelotazo de Serra y su
yerno con la recalificación de Son Massot;
que ha explicado a la ciudadanía el
escándalo de Es Baluard; y que ha puesto a
los pies de los caballos de la Justicia a
un Rabasco, sin duda prenda inimitable de
la administración honesta de los dineros
públicos.
Pobre trío: a un periódico
se le combate con ideas, no intentado que
no pueda imprimir; a un periódico que
ejerce contrapoder no se le calla con
publicidades generosas, sino oponiendo la
administración honesta de las instituciones
y, por último, a un periódico no se le
neutraliza con acciones judiciales
inviables, sino exhibiendo una
impecabilidad en el manejo de los dineros
públicos. Pobre trío.