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  Martes, 13 de junio de 2006 Actualizado a las 02:28
 

ATENTADO A LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN
Maria Antònia Munar ordena el cierre de la planta que imprime EL MUNDO por destapar su corrupción

Utiliza la denuncia de un edil imputado por robar un millón de euros públicos y la complicidad de Serra para exigir la clausura de la impresora - Desoye a la juez que autorizó que la planta siguiera funcionando

  A D E M A S
 El Consell pretende silenciar al diario que destapó la grava, 'La Piñata' y Son Massot
 EDITORIAL Corrupción Versus Libertad De Expresión
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ESTEBAN URREIZTIETA

PALMA.- El principal objetivo del Consell de Mallorca pasa en estos momentos por clausurar la planta impresora de EL MUNDO/El Día de Baleares y silenciar al único medio de comunicación que denuncia sus innumerables escándalos de corrupción.

Para ello la institución que preside Maria Antònia Munar está dispuesta a desautorizar a una juez, la titular del Juzgado de lo Contencioso Administrativo número uno de Palma, que ya ha subrayado que la instalación puede seguir funcionando sin problemas; a usurpar las competencias del Ayuntamiento de Santa Maria, localidad donde se levanta la rotativa; y a vulnerar con su estrategia la doctrina del Tribunal Supremo y de la propia Constitución española, que defienden la autonomía de los ayuntamientos en materia urbanística.

La institución insular arguye que la planta que imprime este diario no sólo es ilegal sino que sus irregularidades deben motivar su precinto. Para ello ordena al Ayuntamiento de Santa Maria que proceda a su clausura inmediata. Los argumentos que esgrime el Consell de Mallorca contra la instalación ni siquiera son propios. Proceden de una denuncia interpuesta por el imputado Joaquín Rabasco.

Su autor es el edil de Llucmajor que se apropió de «más de un millón de euros públicos», tal y como reveló este periódico y recientemente ha confirmado la Fiscalía Anticorrupción. El mismo que introdujo en la página de internet de su partido un videojuego que consistía en asesinar mujeres mediante una veintena de formas diferentes. Desde triturarla con un ventilador hasta despeñarla por un precipicio pasando por la posibilidad de ahogarla en cemento.

La institución que controla Munar utiliza al líder de ASI (Agrupación Social Independiente) para que impulse su estrategia. Es el denunciante que le sirve de coartada para actuar. A los medios del Grupo Serra los emplea para publicitarla. A las tres partes les une la misma máxima: que los escándalos que protagonizan dejen de ser publicados en estas páginas.

Las filtraciones a 'UH'

En esta línea, el Consell de Mallorca acaba de remitir, primero al diario Última Hora, y después al Ayuntamiento de Santa Maria, un escrito -el último de una larga lista- en el que insta al Consistorio dirigido por el PSM a que «restituya la legalidad urbanística» de la instalación. La carta la firma el conseller de Territorio de Munar, Bartomeu Vicens.

La institución comandada por Unió Mallorquina (UM) se toma la licencia, primero, de poner en conocimiento del Grupo Serra su resolución antes que a las partes personadas en el proceso. Tanto los letrados de este periódico como los del Ayuntamiento de Santa Maria tienen acceso a los informes del Consell de Mallorca a través del diario de Pedro Serra.

Pero es que la institución insular se permite también dar órdenes al Consistorio sin ser competente para hacerlo, pretendiendo que se restituya la tutela sobre los ayuntamientos que desapareció con la llegada de la Transición y la Constitución de 1978. La juez Carmen Frigola ya se ha pronunciado sobre este caso y lo ha hecho en contra de los intereses del trío Munar-Serra-Rabasco. Lo hizo el pasado 24 de abril dictando un auto en el que denegaba la petición de Joaquín Rabasco de clausurar cautelarmente la planta de impresión. Frigola sostiene que el político cordobés «no ha explicado en qué se traduce el perjuicio grave e irreparable que le supone» que la planta impresora funcione. Y le aclara que «si no se aprecia ese perjuicio irreparable o grave para la parte recurrente... la medida cautelar pierde su condición esencial». En lo que respecta al fondo de la cuestión y a expensas de un dictamen definitivo, Frigola recalca que «la actividad se ubica en una nave industrial específicamente diseñada y construida para ese menester»; que «el Ayuntamiento de Santa Maria autorizó expresamente su construcción»: y que ésta «tiene la certificación de final de obra».

«Perjuicio devastador»

Por lo tanto, prosigue su auto, «no es absolutamente clandestina», como argumenta Rabasco. Asimismo la juez ha ponderado «el perjuicio que la medida podría ocasionar a terceros». «El cierre cautelar de esa rotativa causaría un efecto devastador y un perjuicio inconmensurable difícilmente reparable», apostilla. La estrategia para clausurar la planta de EL MUNDO/El Día de Baleares se enmarca en la campaña de intimidación urdida por Serra para intentar variar a su favor la línea editorial de este periódico. El escándalo del museo público Es Baluard desató la ira del dueño del diario Última Hora.

Serra abordó al director de EL MUNDO Pedro J. Ramírez en la boda del Príncipe Felipe y Letizia Ortiz en los siguientes términos: «¡La campaña de tu periódico contra el museo y contra mí tiene que cesar, es intolerable!». El periodista hizo caso omiso a las amenazas proferidas por el editor y la reacción no se hizo esperar.

Pedro Serra abre el fuego contra Pedro J. Ramírez el 3 de agosto de 2004. El mismo día que EL MUNDO/El Día de Baleares reproducía las amenazas y calumnias vertidas por el editor en un requerimiento notarial enviado al director de este diario, Eduardo Inda. En él Serra exigía a este medio de comunicación que dejara de informar sobre el museo público que preside y maneja.

Ese mismo día el editor se aliaba con el líder independentista Jaume Sastre, que convocó una concentración frente al domicilio del periodista.

A partir de entonces se desata una campaña contra el periodista que emplea como pretexto la piscina de su domicilio y que alcanza su máxima expresión el pasado verano con el asalto por la fuerza liderado por el diputado de ERC (Esquerra Republicana de Cataluña) Joan Puig. El allanamiento de morada estuvo precedido de meses de coacciones desde las páginas de Ultima Hora.

En ellas Sastre, presidente del grupúsculo Lobby per la Independència, llegó a declarar que «esto es una guerra entre forasteros y mallorquines». Y añadía: «La mejor defensa es un ataque por sorpresa, audaz y contundente». Porque, en palabras de este independentista, «se trata de pegar a uno para que escarmienten veintiuno».

Las amenazas se multiplicaron hasta que el pasado 13 de agosto Puig, con el carné de diputado entre los dientes y acompañado de un grupo de radicales entre los que se encontraba el propio Sastre, arrolló a los guardas jurados del periodista y asaltó la vivienda.

La juez instructora de Manacor ha advertido «indicios de criminalidad» en la conducta de los asaltantes y ha remitido el caso al Tribunal Supremo. Mientras, el líder republicano, con el amparo de los medios de Pedro Serra, ya ha anunciado que este verano volverá a allanar la residencia de Pedro J. Ramírez en Mallorca.

 
   
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