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EL MUNDO OPINA
Vergüenza ajena
Los ciudadanos de bien comienzan a
sentir vergüenza ajena según se van
conociendo más datos del que va camino de
convertirse en el auténtico escándalo
urbanístico de la actual legislatura. Si
Eivissa Centre es, posiblemente, el
proyecto de reforma de la ciudad más
importante de los últimos años, ¿cómo es
posible que pueda prepararse y ponerse en
ejecución sin que sea conocido por todos
los integrantes del Gobierno que lo
promueve? ¿Cómo se entiende que el consejo
de administración de la empresa mixta que
lo ejecuta, ITUSA, se pronuncie en contra,
de forma mayoritaria, a la hora de decidir
si entrega o no las actas de sus reuniones
a un concejal, Roque López, que, además, es
el secretario general de la Federación
Socialista? ¿Cómo se explica que un
alcalde, el también socialista Xico Tarrés,
se escude en la lentitud de otras
administraciones para justificar lo que es
un clara ilegalidad, es decir, la
construcción sin licencia de una mole de
siete plantas y que supera en más de un 50%
el volumen autorizado por el Plan General
actualmente en vigor? Y, ¿cómo se argumenta
que quienes tanto suelen rasgarse las
vestiduras cuando se habla de chalés con no
todos los papeles en regla permanezcan en
silencio ahora? Lo hemos dicho otras veces
y lo volvemos a repetir: Eivissa Centre
apesta. Y, aunque Tarrés y Agustinet pongan
el ventilador, no logran que desaparezca el
tufo.
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