RUBÉN
AMÓN
Corresponsal
PARÍS.
- Rafael Nadal se impuso a Rober Federer a
las 18.15 del domingo pero no pudo sentarse
a disfrutar de la victoria hasta las 12 de
la noche. Lo hizo en un restaurante
parisino a los pies de la Torre Eiffel.
Rodeado de sus amigos, de sus familiares… y
del clan Almodóvar. En efecto, el
cineasta manchego compartió la zona
triunfal después de haberse sobrepuesto a
la solanera de la finalísima y de haber
lamentado el partidismo suizo de los
aficionados franceses.
«Ya lo habéis
visto todos», decía Almodóvar a la vera de
Bibi Fernández, «este muchacho es un
titán». El titán en cuestión se hizo la
fotografía de rigor ayer por la mañana en
la Plaza de la Concordia con la Copa de los
Mosqueteros. Es la segunda vez que la
conquista, aunque el porvenir de Rafael
Nadal, 20 años apenas cumplidos, indica que
las distancias con el número uno del mundo
son cada vez más pequeñas, pese a que en la
clasificación de la ATP se haya abierto
mayor brecha, dado que Nadal debía defender
el título de París y Federer dio un paso
más tras caer en 2005 en
semifinales.
Pregunta.- ¿Ha
tenido tiempo de asimilar lo que ha
sucedido?
Respuesta.- Todavía
no. Se acumulan muchas sensaciones, muchas
imágenes. Me emocioné escuchando el himno y
viendo la bandera española. Son sensaciones
que te ocurren muy pocas veces durante la
carrera. También notas entonces que tienes
mucha gente pendiente de ti y que sales a
la pista no sólo como un jugador, sino en
nombre de un país. Me resulta imposible
pensar que haya llegado a esta final y haya
ganado. En diciembre era impensable apostar
que me encontraría aquí. Estuve cuatro
meses sin jugar por culpa de una
lesión.
P.- Durante la rueda
de prensa del domingo se dedicó a colmar de
elogios a Federer. Las estadísticas, en
cambio, indican que le ha ganando en
tierra, en pista rápida y en una final de
las cuatro grandes.
R.- Haber
ganado a Federer en estas últimas finales
no significa que sea superior a él. Sigo
pensando que es el número uno y, sin duda,
uno de los mayores tenistas de la Historia.
Tengo que aprender de él muchas cosas.
Empezando porque es un tenista
supercompleto y por su dominio en una
superficie tan difícil para mí como la
hierba.
P.- Ya que menciona la
hierba, se avecina el torneo de Wimbledon.
¿Haber ganado a Federer en París permite
afrontar este Grand Slam con mayor
confianza de cuanto ha ocurrido en
ediciones precedentes?
R.-
Mayor confianza sí, pero soy perfectamente
consciente de mis limitaciones en esta
superficie. No creo que pueda plantearme
llegar demasiado lejos. La hierba no
beneficia mucho mi juego actualmente. Ahora
bien, también pienso que Wimbledon puede
ser un escenario asequible dentro de cuatro
o cinco años. Es el tiempo que necesito
para seguir aprendiendo y
madurar.
P.- ¿Para ser número
uno?
R.- Ser número uno con
Federer delante es un poco complicado.
Quiero decir que no sólo dependo de mí.
Depende mucho de cuanto él haga. Cada vez
veo más lejos a Federer, cada vez me lleva
una ventaja superior. Ahí están los
números.
P.- De momento han
creado el inicio de una rivalidad
histórica.
R.- Rivalidad en el
buen sentido de la palabra. Es estimulante
jugar con un grande, supone un motivo
añadido de motivación. Nos llevamos muy
bien, nos respetamos, tenemos una visión
parecida de la deportividad. Aunque a veces
hay ciertos intentos de contaminar desde
fuera nuestra relación.
P.-
¿Qué quiere decir?
R.- Que a
veces trata de venderse una imagen
distorsionada. Nunca hemos tenido
problemas.
P.- ¿Le sorprendió
el 6-1 de apertura que le endosó en la
final?
R.- No sabía donde me
encontraba al principio. Estaba demasiado
nervioso. Ni siquiera sentía mis piernas.
Él estaba jugando bien, pero me dio
oportunidades. Fue muy importante colocarme
2-0 en el segundo set. Me dio
confianza.
P.- ¿Una victoria
psicológica?
R.- No siempre es
el juego la razón que te lleva a ganar un
gran título. En este caso ha contado mucho
la mentalidad, la solidez psicológica.
Siempre hay momentos en los que puedes
perder la concentración, pero creo que mi
victoria tiene que ver con haber estado
centrado.
P.- ¿Y le sorprendió
la actitud del público? Durante todo el
torneo se han mostrado bastante
hostiles.
R.- Seguramente los
franceses no quería que ganase. Será porque
están hartos de ver a los tenistas
españoles vencer en Roland Garros. Aun así,
creía que el público iba a acompañarme
menos de cuanto lo hizo. Me tranquilizó ver
las banderas españolas y sentir los gritos
de ánimo. Después se produjo ese problema
con el tipo del micrófono en la entrega de
premios. Yo estaba diciendo que Federer era
una grandísimo jugador y él tradujo que
todos esos elogios los decía de mí
mismo.
P.- Ya conocemos su
modestia. ¿Pero dónde está el techo de
Nadal?
R.- No veo dónde está
mi techo, no sé hasta dónde puedo llegar.
Me ilusiona saber que voy progresando y que
las cosas se están haciendo bien. Soy el
primero que tiene los pies en la tierra. No
voy a distraerme ni a creerme el mejor.
Pero mi ambición consiste en ser el número
uno. Quizá cuando Federer se haga un poco
más mayor, ¿no? Me saca cuatro
años…
P.- ¿Hay tanta distancia
entre ustedes dos y el
resto?
R.- No. Sigo pensando
que hay mucha igualdad. Los dos hemos
sufrido para plantarnos en esta final y
sucede igual en todos los
torneos.
P.- El de Roland
Garros ha sido el primero en el que usted
debuta como bloguero. Lo ha hecho
durante todo el torneo para la ATP, el
mundo.es y rafaelnadal.com.
¿Cómo ha sido la
experiencia?
R.- Muy buena. Ha
sido divertida y ha sido un modo de
relacionarme con la gente que me sigue. He
contado las cosas tal como las vivo. Para
que vean que nosotros no somos marcianos.
He contado cómo es mi día a día, qué como,
qué hago en mi vida cotidiana. Lo raro es
que yo lo dictaba en español y se traducía
en inglés para luego volver a traducirse en
español. No me pregunte por qué.