XX Temporada d'Òpera Teatre
Principal
'Los pescadores de
perlas' (versión concierto'/ Dirección
musical: Gianluca Martinenghi / Solistas:
Giorgio Casciarri (tenor), Silvio Zanon
(barítono), Alina Furman (soprano) y Felipe
Bou (bajo)/ Cor de la Fundación Teatre
Principal/ Orquestra Simfònica de
Baleares.
Calificación:
FERNANDO MERINO
PALMA.- Les
pêcheurs de perles es una obra de
juventud que además sólo se representa en
contadas ocasiones, motivo suficiente para
que el aficionado se muestre agradecido con
la XX Temporada d'Òpera del Teatre
Principal de Palma. Georges Bizet la
compuso en plazo breve, apenas un
trimestre. Tenía entonces 25 años y se
considera su primera ópera relevante. Si
tenemos en cuenta que le precedían bocetos
inacabados centrados sin excepción en la
ópera cómica se podría entender la fría
recepción por parte de la crítica. Se
podría. De no haber sido por los afinados
comentarios de ilustre crítico, y además
enormemente relevante, como
Berlioz.
Entre los papeles
principales el personaje por excelencia es
el de Nadir, que inmortalizó Caruso, si
bien la muy discreta presencia de Giorgio
Casciarri en el patio de La Misericòrdia
(no tendría su mejor noche, porque
currículo no le falta) hizo que fijásemos
todo o casi todo el interés en su amigo en
la ficción Zurga, interpretado por el
barítono veneciano Silvio Zanon. En
cualquier caso, ambos protagonizaron uno de
los momentos más relevantes de la velada,
al interpretar el dúo Au fond du temple
saint.
Los hay que defienden que
Les pêcheurs quedó eclipsada por la
obra maestra de Bizet, Carmen,
aunque es más lógico imaginar el desinterés
hacia un trabajo que si bien apuntaba
elementos que fueron felizmente
desarrollados posteriormente, lo cierto es
que el matiz predomina sobre la
grandiosidad. De notables melodías, en
especial el leit motiv que recorre
la obra (anuncio de un personal estilo que
Nietzsche definiría como clara música
mediterránea), sólo han trascendido
algunos fragmentos centrados en las
arias.
Noche de luna llena o casi,
mientras en el patio se dejaban sentir los
tres actos con irregular resultado. Aunque
debe subrayarse el peso del bajo. De
presencia leve, por exigencia del propio
libreto, sin embargo fue Felipe Bou, en el
papel de Nourabad, el mejor de la velada:
sólido, grave, creíble. Completando el
cuadro principal estuvo la soprano rusa,
Alina Furman, hoy enmarcada en el coro del
Gran Teatro del Liceo. Al menos dando la
réplica con oficio.
La versión para
concierto que escuchamos en Palma, el
sábado, se inspiraba en la revisión de
1893, treinta años posterior al estreno y
con Bizet enterrado desde 1878. La obra
había permanecido fuera de repertorio desde
su estreno en 1863 hasta 1886.
No fue
lo que se dice un encuentro bañado en
emociones, yo diría que más bien discreto,
apagado, echando a faltar mayor ambición.