-Infamia: descrédito, deshonra. //
Maldad, vileza en cualquier línea (Real
Academia Española).
Por muchas
tormentas de ideas que se desaten en mi
cada día más limitadita sesera creo que
jamás se me ocurrirá mejor definición para,
disculpen la redundancia, definir estos
tres años menos seis días de entente nada
cordiale PP-UM. Sí, esa liaison que
alguien bautizó con un palabro, pacto de
gobernabilidad, que se lo podía haber
metido donde le cupiera porque es un
eufemismo como la copa de un pino que
esconde lo que esconden siempre los
eufemismos: una pedazo de mentira. No hablo
a tontas y a locas porque, que yo sepa,
Jaume Matas (JM) ni necesitaba, ni
necesita, ni espero que necesite nunca de
verdad los votos de Maria Antònia Munar
alias MAM para gobernar.
En honor a
la verdad hay que reconocer que la
goebbelsiana táctica de repetir un millón
de veces esta patrañeja les ha funcionado.
Al punto que hoy día se antoja dogma de fe
esa especie que sostiene que la coalición
PP-UM era una condición sine qua non
para gobernar las Islas, vamos, que o JM se
acostaba políticamente con la interfecta o
esta tierra sería aún más ingobernable -que
ya es decir- que en los cuatro años
anteriores de Pacte de ¿Progrés? lo cual es
más falso que Judas porque JM tenía y tiene
mayoría absoluta y podría haber tirado por
la calle de en medio sin su compañera, y
sin embargo enemiga, dejando que los unos
se liasen a farolazos con la otra en el
Consell. Le habría bastado con aplicar esa
infalible máxima del «divide y vencerás»,
con echarle un vistazo a ese arte de la
guerra de Sun Tzu que aconseja «mover a los
enemigos a tu antojo» o, poniéndonos
castizos, con haber asimilado ese genial
refrán donde los haya que demuestra que «a
río revuelto, ganancia de
pescadores».
A nadie se le escapa que
un Consell gestionado por un pentapartito
(EU, PSM, PSOE, EV y UM) hubiera terminado
como el rosario de la aurora, basta con
rememorar lo bien que se llevaron los
grillos de esta jaula en ese cuatrienio que
vivimos peligrosamente (1999-2003). La cosa
habría sido realmente un monumento al
maquiavelismo: ¿se imaginan a la mujer que
va a trabajar con 60.000 euros en joyas y
abrigada por un visón de 20.000 teniendo
que lidiar cuatro años más con el tan
austero como insustancial Francesc Antich,
con sus amigos «los comunistas [sic]» o con
una Margalida Rosselló a la que no traga
simple y llanamente porque se viste en Zara
y no en Chanel-París como ella? Claro que a
JM tampoco le falta razón cuando se queja
amargamente de lo fácil que es ver los
toros desde la barrera y de lo lioso que se
vuelve todo cuando tienes el miura a un
palmo de tus narices.
Ese infalible
y, por tanto, insobornable juez que es el
tiempo ha puesto a cada uno en su sitio
demostrando que lo más rentable para el PP
hubiera sido dejar que ese guirigay cósmico
que era el Pacte se siguiera sacando los
ojos cuatro años más. Mucho más, desde
luego, que endosarle a Fernando Rubio el
marrón de tener que responder cual lorito
«sí señora» cada vez que su jefa MAM
tiene que aprobar un pelotazo o
cualquier otro business en el Pleno
del Consell. Un Fernando Rubio al que le
han adjudicado el peor papelón que le
pueden adjudicar a un político y el mejor
que le pueden encalomar a un actor:
defender lo contrario de lo que uno cree.
En este caso unos corruptos proyectos, los
de MAM, que al portavoz popular en
el Consell le provocan arcadas. Conclusión:
han hecho un pan con unas tortas con un
Fernando Rubio cuya prometedora carrera ha
muerto antes de nacer al forzarle al
servilismo más lamentable.
No seré yo
quien se descuelgue a estas alturas de la
película con el recurrente «ya lo dije yo»,
entre otras razones porque sería tan
pinocho como ellos. Que conste en acta que
desde este pedazo de papel finlandés
respaldamos el acuerdo Matas-MAM, eso sí,
tras taparnos convenientemente la nariz.
Conviene no olvidar que por aquel entonces
EL MUNDO/El Día de Baleares ya había
descubierto que una empresa de la
presidenta del Consell (Bamusa)
transportaba la grava de las carreteras que
ella adjudica y había puesto negro sobre
blanco los tan estrechos como sospechosos
vínculos del maridísimo con los
dueños de una nave alquilada por el Consell
a precio de oro en el polígono de Son
Castelló. «Dos casualidades», que diría
ella con su cínico, personal e
intransferible lenguaje.
Tampoco me
duelen prendas a la hora de admitir que nos
tragamos una teoría que al menos en su
primer epígrafe ha degenerado en cuento
chino: que era una unión natural y que
constituía una inversión a largo plazo para
un PP que -argumentan los pactistas pese a
todo lo que ha caído- está más solo que la
una. Hoy, 1.450 días y tres o cuatro
docenas de puñaladas después, está
meridianamente claro que el matrimonio
Matas-Munar ha sido un matrimonio
morganático en el que el que teóricamente
debía ser el rey se ha autoadjudicado el
papel de plebeyo y la que Juan Balear quiso
que desempeñase el rol de plebeya ha
acabado yendo de reinona por la
vida.
La cruel pantomima que se
representó el martes pasado en el Consell a
cuenta del «protejo-no protejo» la sede de
Gesa es la gota que colma el vaso de la
paciencia de un centroderecha balear
obligado desde el vértice de la pirámide a
poner la otra mejilla cada que vez que UM
le sacude con una saña que ni Mike Tyson.
Los ganadores de las elecciones autonómicas
de 2003 han aguantado con una parsimonia
rayana en el masoquismo las humillaciones
que los perdedores de UM les han infligido
en todos y cada uno de los trámites de Son
Espases, en todos y cada uno de los
trámites del Plan Territorial, en las
incontables votaciones en las que UM ha
levantado la mano con la oposición o
durante el nacimiento de IB3. Y, ahora,
Gesa.
La mayoría natural de esta
tierra tampoco entendió muy bien ese mix de
pasividad e indecencia con el que la cúpula
del PP presenció el linchamiento al que la
santísima dualidad Serra-Munar sometió a
Carlos Delgado el verano pasado por haberse
negado a regalar un pelotazo de 36
millones de euros al yernísimo del
casi octogenario editor. No menos mayúsculo
fue el cabreo con el que acogió las
informaciones falsas de El Egipcio
sobre los inexistentes chalés ilegales de
un alcalde de Campos, Andreu Prohens, cuyo
único delito consiste en haber dicho «no» a
las mangancias de esos mangantes de toda la
vida tan próximos a UM que se creen con
derecho de pernada sobre todo y sobre
todos. Y, desde luego, se subía
literalmente por las paredes el día en que
se enteró que la fashion victim de
Costitx había llevado a los tribunales al
tan bueno como últimamente equivocado de
Pere Rotger por aligerar la burocracia para
construir 40 viviendas sociales en Inca. Y,
mientras tanto, a ella nadie la sienta en
el banquillo ni por Can Domenge, ni por lo
que hay detrás de Can Domenge, ni por La
Piñata, ni por tantos y tantos
asuntejos cien veces más graves cualitativa
y, sobre todo, cuantitativamente.
La
extorsión al PP en general y a Matas en
particular tiene dos objetivos que hasta el
botones del Consell adivinaría: facilitar
los negocietes de la individua éticamente
más frágil que he conocido en mi vida e
intentar que el president le tape la boca
o, más bien, le ate las manos al arriba
firmante. Va dada si se piensa que aquí las
cosas funcionan como en Can Serra o como
con esa moralmente halitosa amiguita a la
que le ordena que diga que ella es la
reencarnación de la madre Teresa de Calcuta
y allá va ella que dice que es la
reencarnación de la madre Teresa de
Calcuta. No, querida María Antonieta, aquí
nos regimos por otros parámetros que se
resumen en una palabra que a ti te debe
sonar a suajili: la verdad. Aquí se publica
todo lo que es cierto, está comprobado y
requetecomprobado y tiene interés público.
Ni más ni menos, ni menos ni más. Yo que tú
me dejaría de chantajes, me las piraría
antes de que alguien cante La
Traviata y me dedicaría a administrar
ese patrimonio que te ha convertido en «la
mujer más rica de Mallorca [El
Egipcio dixit]». No olvides nunca que
la avaricia rompe el saco y que el día que
se rompa el saco ahí estarán estos locos
románticos de EL MUNDO para contarlo, que
no para ocultarlo como hacen
otros.
Lo de Gesa es de aurora
boreal. Que a estas alturas de la película
no hayan salido ni Matas ni Cirer a
cantarle las cuarenta a la ilegítima que no
ilegal presidenta de Mallorca demuestra la
prostitución de la democracia que padecemos
en una isla en la que la que tuvo tres
diputados le dice con su mala baba habitual
lo que tiene que hacer al que se metió en
el bolsillo 16. La jugada de MAM ha sido
maestra al haber conseguido matar tres
pájaros de un tiro: recompensa al Colegio
de Arquitectos por haber lavado la cara a
ese escándalo al cubo que es Can Domenge,
se venga de los promotores de la Fachada
Marítima (Núñez y Navarro) por haber tenido
la osadía de ofrecer por el solar que
diseñará el ayudante del ayudante del
ayudante de Nouvel su precio de mercado y
ajusta las cuentas con una alcaldesa que
quería cargarse su pelotazo haciendo
esas VPO que tan poco gustan a una tipa tan
fina como ella.
Soy un firme defensor
de los pactos por dos razones: porque las
mayorías absolutas pueden terminar o muy
bien o degenerando en el peor de los
absolutismos -no hay término medio- y
porque de la necesidad de un absurdo
sistema electoral que nos ha dejado en
manos de los nacionalistas y de los
oportunistas hay que hacer virtud. El mejor
Aznar, por ejemplo, fue el de la mayoría
relativa. Pero las coaliciones no se pueden
ni se deben forjar contra natura y/o a
costa de tener que arrastrarte un día sí y
otro también ante tu socio o socia. JM debe
pegar un puñetazo encima de la mesa y
exclamar: «Pacto, sí, pero las condiciones
las pongo yo, los ritmos los marco yo y la
sartén la tengo por el mango yo». Y, si no,
que le den dos duros o dos mil millones de
duros a la socia de Pedro Serra.
En
una extraña asociación de ideas me ha
venido a la cabeza la ingeniosa frase que
le salió al delantero británico Gary
Lineker para definir el deporte rey. «El
fútbol es», explicó, «un deporte en el que
juegan 11 contra 11 y siempre gana
Alemania». Si un marciano aterrizase en el
Observatorio Astronómico de Costitx, se
topase con un terrícola y le preguntase
cómo funciona la democracia por aquí,
seguro que recibiría la siguiente
contestación: «La democracia en Mallorca es
un partido de 15 equipos contra 15 equipos
que da igual quién lo gane porque al final
terminará mandando MAM». Pues eso, que Juan
Balear está hasta la coronilla de hacerse
la pregunta del millón de euros: «¿Para qué
voto yo si, decida lo que decida, terminará
dirigiendo el cotarro la de
siempre?».
e.inda.@elmundo.es