JUAN RIERA ROCA
PALMA.- «La
profesión periodística es alérgica a este
tipo de cosas». Con esta taxativa respuesta
comentaba ayer en Palma Manuel Martín
Algarra, presidente de la Sociedad Española
Periodística y catedrático de la
Universidad de Navarra, el hecho de que un
gobierno autónomo constituya y regule de
oficio un colegio de periodistas. Es lo que
pretende el Govern balear.
Martín
Algarra fue uno de los cuatro
conferenciantes invitados que participó
ayer en la XII edición del Seminario
Profesional de Comunicación que organiza el
Centro Universitario Ariany y que contó con
un buen número de oyentes, profesionales de
éste y otros ámbitos, en los salones del
Centro Cultural de Sa Nostra. Presidió el
acto el catedrático Román
Piña.
Martín Algarra, que habló ante
el público del encuentro reflexionando
sobre si los medios de comunicación sirven
o no al público, hizo luego una serie de
reflexiones sobre los peligros del control
de la prensa desde colegios profesionales
instados desde el poder, matizando, eso sí,
que hablaba en general y que no se refería
al proyecto del Govern
balear.
«Nació de la
profesión»
El periodista y
profesor universitario recordó cómo conoció
y participó en la gestación del Colegio de
Periodistas de Galicia, una iniciativa «que
nació de la profesión», aunque admitió como
algo necesario y positivo «que los
organismos públicos -de hecho, un colegio
profesional es un organismo público- los
apoyen y actúen como
interlocutores».
Pero la
participación de los poderes públicos debe
limitarse a eso. Y explica: «La profesión,
en España, es alérgica a este tipo de
cosas. Es cierto que hay problemas y es
positivo apelar a la responsabilidad de la
profesión para que las regule» pero sin
olvidar que «históricamente las
asociaciones de periodistas creadas desde
el poder han sido instrumentos de
control».
Otro de los ponentes del
encuentro fue Daniel Guerrero, profesor de
Estrategia Publicitaria de la Universidad
de Málaga, quien disertó sobre un fenómeno
de gran actualidad: «La influencia de los
periódicos gratuitos en la prensa y en la
publicidad». El joven profesor fue claro:
«Estos periódicos están orientados al
anunciante, no al lector».
Guerrero
no cree que en estos momentos los diarios
gratuitos, tal como se están planteando,
sean periódicos capaces de ofrecer
«información profunda, análisis,
investigación o líneas editoriales, que es
lo que busca el lector de la prensa
tradicional, de la prensa de pago». Esta
imposibilidad deriva de que «se ahorra» en
todo lo que es la redacción del
diario.
Sin embargo, está convencido
de que en el futuro, los diarios gratuitos
que aguanten, lo harán porque los lectores
«que no son tontos» elegirán los que estén
mejor hechos, tal como ya sucede en algunas
grandes ciudades: «Los dos primeros días el
público coge el periódico por quedar bien
con el repartidor, pero cuando vea que no
le gusta lo rechazará.»
«Poco a poco
-dice Guerrero- el reparto acabará a las 12
de la mañana en lugar de a las 10 y media.
Y los responsables de los gratuitos se
darán cuenta de que tendrán que comenzar a
ofrecer calidad». En cualquier caso, el
experto no cree que la explosión de
gratuitos vaya a hacer un daño real a la
prensa o a la publicidad tradicional, sino
que se «segmentará el mercado».