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  Domingo, 11 de junio de 2006 Actualizado a las 01:19
 

ROMÁN PIÑA VALLS / Escritor
«Mi libro está escrito en catalán, en catalán de Madrid»



DAVID TORRES

PALMA.- Por suerte para los lectores, la carrera literaria de Román Piña Valls (Palma de Mallorca, 1966) no para. En el 2004 ganó el Premio Desnivel con Viaje por las ramas, y este año acaba de hacer lo propio con Gólgota, novela con la que ha obtenido el Premio Ciudad de Palma Camilo José Cela. El libro es un homenaje, una sátira y también un ajuste de cuentas a su ciudad natal, acosada por los especuladores inmobiliarios, los políticos corruptos y por una lluvia pertinaz que saca a relucir el alma de poeta lírico que Piña guarda celosamente bajo su uniforme de lanzador de cuchillos. Ramón Aguiló e Inés Matute presentarán Gólgota el martes 13 a las 20 horas en el Centro Cultural Contemporani Pelaires.

P.- Últimamente sale a premio por libro. ¿Es que no hay otra manera de publicar en este país?

R.- No hay otra manera de publicar libros como Gólgota. Mejor lo tendría si me pusiese a fabricar libros como cócteles, con los ingredientes que interesan a los editores. Pero me aburriría mortalmente.

P.- Se supone que usted es un escritor mallorquín. Entonces, ¿por qué no escribió este libro en catalán?

R.- Es que el libro está en catalán. En catalán de Madrid.

P.- ¿Qué cambios hay entre el Nofre Pou de Un turista, un muerto, y el de esta novela?

R.- En Un turista, un muerto, Nofre Pou es el narrador y el protagonista. En Gólgota es un secundario entrañable, a quien no le dejo divagar. Ha perdido a su chica, ha recaído en la impotencia sexual y ha probado el viagra sin fe. Es carne de complot y, claro, cae en la tentación.

P.- Un personaje sube a lo alto de una grúa para abanderar una protesta política y exigir la dimisión de un cargo público. ¿No le parece que, en este punto, su novela roza la ciencia-ficción?

R.- A eso vamos. Como no hay manera de ver a un político corrupto irse a su casa, no nos queda más remedio y desahogo que sacarlo a patadas o a caricias en la ficción. En principio la víctima es Andrés, el hombre de la grúa. Las balas lo esperan a él. Al final me ha salido un canto a la sangre en el que cuestiono la necesidad de los gatillos.

P.- Una abuela minusválida, un tipo con cáncer terminal... Díganos la verdad: ¿usted disfruta torturando a sus personajes?

R.- No, de verdad. El sufrimiento por desgracia no es un invento, ni un vicio. Sólo que creo que hay que enfrentarse a él, empaparse y si hace falta transformarlo en arte o risa. Mientras no lo has vencido con la muerte hay que neutralizarlo con las palabras.

P.- ¿Benjamín Prado le debe dinero?

R.- El lector de esta entrevista, como mis personajes reunidos en el bar Moka de la calle San Miguel, no tienen ni puta idea de quién es Benjamín Prado. No me debe dinero. Pero yo le debo una impagable inspiración para mi novela por una gilipollez que dijo una vez.

P.- ¿Cree que la narrativa española contemporánea peca de gravedad, de falta de sentido del humor?

R.- Me temo que sí. Pero lo grave es que pequen de eso los lectores. Me pregunto si El código Da Vinci te arranca alguna sonrisa. Sí tiene gracia La sombra del viento, y tenemos autores con un sentido del humor brillante en Rafael Reig, Fernando Iwasaki, o Alejandro Cuevas. Creo que hay bastante humor en los cajones, inédito.

P.- ¿Es usted un terrorista literario o sólo un gamberro?

R.- Sólo un payaso. A gamberro no llego, y más que terrorista, quisiera ser especulador literario: hacer dinero con las letras tan fácilmente como otros lo hacen con los ladrillos.

P.- ¿Esconde esta novela alguna ambición personal? Lo digo porque uno de sus personajes sueña con ser una estrella del porno.

R.- Ese personaje es el positivo de Pou, que es impotente. Se llama Nebot y toma el apodo de Bumerán, tras una operación de alargamiento de pene. Se deja una prometedora carrera de abogado corrupto para sublimar sus ansias de poder en una actividad sexual demasiado tiempo aplazada. Mi única ambición es llevar su pene a los anales de la literatura satírica.

P.- La operación de pene no resulta del todo mal. Sin embargo, sus lectores pensábamos que usted odiaba la cirugía estética.

R.- Precisamente. La historia de Bumerán es una parábola evangélica. Esta es mi buena nueva: deja tu pene en paz y concentra tu sangre en el cerebro. Bastante guerra da tal como es. Si encima lo agrandamos…

P.- El sexo en sus libros, ¿qué es?

R.- Lo mismo que en la vida real, espero. Algo que está ahí y que más vale no reprimir, condenar, ni idolatrar. Nuestro mundo ha conseguido esto último. Y me da risa.

P.- ¿Es cierto que en la primera redacción de la novela aparecía el teléfono móvil de Catherine Zeta-Jones?

R.- Si lo tuviera, no se lo daría a nadie. ¿Y para qué dar su teléfono si podía dar sus labios, sus muslos y sus senos mojados por la lluvia?

P.- De sus tres columnas semanales, prácticamente una y media la dedica a despellejar a María Antonia Munar y el resto a sacudir a los demás políticos, a promotores, constructores y otros ejemplares de la fauna balear. ¿No teme una visita misteriosa a deshoras?

R.- ¿Despellejar a quién, dice? No tengo ni idea de lo que está hablando. No conozco a ninguna Munar ni sé nada de biología balear.

P.- El Monte Gólgota de su novela es una grúa. En un futuro próximo, ¿quedarán montes en Mallorca donde levantar una cruz?

R.- No, por descontado. Porque no habrá Mallorca ni planeta. Aunque antes del final, las cruces se concentrarán en cementerios como los que ya están embaldosando la sierra. El conseller de UM Borrás ha puesto el primero.

¿Cuándo?: el martes a las 20 horas.

¿Dónde?: en el Centro Cultural Contemporani Pelaires. Ca'n Verí, 3.

¿Quién?: Ramón Aguiló e Inés Matute presentarán Gólgota.

 
   
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