DAVID TORRES
PALMA.- Por suerte
para los lectores, la carrera literaria de
Román Piña Valls (Palma de Mallorca, 1966)
no para. En el 2004 ganó el Premio Desnivel
con Viaje por las ramas, y este año
acaba de hacer lo propio con
Gólgota, novela con la que ha
obtenido el Premio Ciudad de Palma Camilo
José Cela. El libro es un homenaje, una
sátira y también un ajuste de cuentas a su
ciudad natal, acosada por los especuladores
inmobiliarios, los políticos corruptos y
por una lluvia pertinaz que saca a relucir
el alma de poeta lírico que Piña guarda
celosamente bajo su uniforme de lanzador de
cuchillos. Ramón Aguiló e Inés Matute
presentarán Gólgota el martes 13 a las 20
horas en el Centro Cultural Contemporani
Pelaires.
P.- Últimamente
sale a premio por libro. ¿Es que no hay
otra manera de publicar en este
país?
R.- No hay otra manera
de publicar libros como Gólgota.
Mejor lo tendría si me pusiese a fabricar
libros como cócteles, con los ingredientes
que interesan a los editores. Pero me
aburriría mortalmente.
P.-
Se supone que usted es un escritor
mallorquín. Entonces, ¿por qué no escribió
este libro en catalán?
R.-
Es que el libro está en catalán. En
catalán de Madrid.
P.-
¿Qué cambios hay entre el Nofre Pou de
Un turista, un muerto, y el de esta
novela?
R.- En Un
turista, un muerto, Nofre Pou es el
narrador y el protagonista. En
Gólgota es un secundario entrañable,
a quien no le dejo divagar. Ha perdido a su
chica, ha recaído en la impotencia sexual y
ha probado el viagra sin fe. Es carne de
complot y, claro, cae en la
tentación.
P.- Un
personaje sube a lo alto de una grúa para
abanderar una protesta política y exigir la
dimisión de un cargo público. ¿No le parece
que, en este punto, su novela roza la
ciencia-ficción?
R.- A
eso vamos. Como no hay manera de ver a un
político corrupto irse a su casa, no nos
queda más remedio y desahogo que sacarlo a
patadas o a caricias en la ficción. En
principio la víctima es Andrés, el hombre
de la grúa. Las balas lo esperan a él. Al
final me ha salido un canto a la sangre en
el que cuestiono la necesidad de los
gatillos.
P.- Una
abuela minusválida, un tipo con cáncer
terminal... Díganos la verdad: ¿usted
disfruta torturando a sus
personajes?
R.- No, de
verdad. El sufrimiento por desgracia no es
un invento, ni un vicio. Sólo que creo que
hay que enfrentarse a él, empaparse y si
hace falta transformarlo en arte o risa.
Mientras no lo has vencido con la muerte
hay que neutralizarlo con las
palabras.
P.- ¿Benjamín
Prado le debe dinero?
R.-
El lector de esta entrevista, como mis
personajes reunidos en el bar Moka de la
calle San Miguel, no tienen ni puta idea de
quién es Benjamín Prado. No me debe dinero.
Pero yo le debo una impagable inspiración
para mi novela por una gilipollez que dijo
una vez.
P.- ¿Cree que
la narrativa española contemporánea peca de
gravedad, de falta de sentido del
humor?
R.- Me temo que
sí. Pero lo grave es que pequen de eso los
lectores. Me pregunto si El código Da
Vinci te arranca alguna sonrisa. Sí
tiene gracia La sombra del viento, y
tenemos autores con un sentido del humor
brillante en Rafael Reig, Fernando Iwasaki,
o Alejandro Cuevas. Creo que hay bastante
humor en los cajones,
inédito.
P.- ¿Es usted
un terrorista literario o sólo un
gamberro?
R.- Sólo un
payaso. A gamberro no llego, y más que
terrorista, quisiera ser especulador
literario: hacer dinero con las letras tan
fácilmente como otros lo hacen con los
ladrillos.
P.-
¿Esconde esta novela alguna ambición
personal? Lo digo porque uno de sus
personajes sueña con ser una estrella del
porno.
R.- Ese
personaje es el positivo de Pou, que es
impotente. Se llama Nebot y toma el apodo
de Bumerán, tras una operación de
alargamiento de pene. Se deja una
prometedora carrera de abogado corrupto
para sublimar sus ansias de poder en una
actividad sexual demasiado tiempo aplazada.
Mi única ambición es llevar su pene a los
anales de la literatura
satírica.
P.- La
operación de pene no resulta del todo mal.
Sin embargo, sus lectores pensábamos que
usted odiaba la cirugía estética.
R.- Precisamente. La
historia de Bumerán es una parábola
evangélica. Esta es mi buena nueva: deja tu
pene en paz y concentra tu sangre en el
cerebro. Bastante guerra da tal como es. Si
encima lo agrandamos…
P.-
El sexo en sus libros, ¿qué
es?
R.- Lo mismo que en
la vida real, espero. Algo que está ahí y
que más vale no reprimir, condenar, ni
idolatrar. Nuestro mundo ha conseguido esto
último. Y me da risa.
P.-
¿Es cierto que en la primera redacción
de la novela aparecía el teléfono móvil de
Catherine Zeta-Jones?
R.-
Si lo tuviera, no se lo daría a nadie.
¿Y para qué dar su teléfono si podía dar
sus labios, sus muslos y sus senos mojados
por la lluvia?
P.- De
sus tres columnas semanales, prácticamente
una y media la dedica a despellejar a María
Antonia Munar y el resto a sacudir a los
demás políticos, a promotores,
constructores y otros ejemplares de la
fauna balear. ¿No teme una visita
misteriosa a deshoras?
R.-
¿Despellejar a quién, dice? No tengo ni
idea de lo que está hablando. No conozco a
ninguna Munar ni sé nada de biología
balear.
P.- El Monte
Gólgota de su novela es una grúa. En un
futuro próximo, ¿quedarán montes en
Mallorca donde levantar una
cruz?
R.- No, por
descontado. Porque no habrá Mallorca ni
planeta. Aunque antes del final, las cruces
se concentrarán en cementerios como los que
ya están embaldosando la sierra. El
conseller de UM Borrás ha puesto el
primero.
¿Cuándo?: el martes
a las 20 horas.
¿Dónde?: en el
Centro Cultural Contemporani Pelaires. Ca'n
Verí, 3.
¿Quién?: Ramón Aguiló
e Inés Matute presentarán
Gólgota.