Vlad Dracul, el legendario conde
Drácula, caballero de la Orden del Dragón,
azote de los turcos, récordman de los
empaladores y mordedor de las trémulas
gargantas de vírgenes suicidas y viudas
alegres debe tener acciones en una
heladería que promete tres bolas de helado
a cambio de donaciones de sangre. Es una
idea estupenda: te desangran y luego te
recuperas del lánguido desmayo con unas
bolas de chocolate. El conde ha entrado en
el siglo XXI.
Por lo visto en las
Baleares tenemos problemas de bancos de
sangre en verano. Es natural: nuestra
población se multiplica con los turistas y,
claro está, el hooligan de
Manchester o la modelo parisina que vienen
a pasar una semana no tienen pensado ir al
hospital a que les quiten un litro de
sangre caliente, por no hablar de los
vascos, que cada vez que pisan una planta
médica tienen una legión de chupópteros
detrás del codiciado RH negativo. Y los
residentes pitiusos debemos ser solidarios
con la sangre, un producto más al alza que
el petróleo iraní o la coca boliviana.
Además, dicen los connoisseurs
que es algo muy sano y que regenera la
sangre. En Hollywood, donde ya desayunan
placenta a la plancha por órdenes
cienciólogas, actrices como Gwineth Paltrow
(I'm sorry darling, pero Grace Kelly,
princesa por raza antes que por matrimonio,
es inimitable) han decidido aplicarse
pegajosas sanguijuelas para sentir el
mordisco salvaje y suave que las desangra
para embellecerlas.
Por lo visto las
sanguijuelas, aunque no regalen helados,
tienen una acción terapéutica que serena
los nervios de las actrices y limpia la
sangre. Nos llevan de nuevo a los matasanos
medievales y renacentistas que todo lo
arreglaban con sangrías y ponían a estos
repelentes vampiros a la mínima sensación
de indisposición. Una época en que la gente
aguantaba más sin ir a ver al galeno y sólo
se encamaba cuando estaba muy enferma, no
en vano Hernán Cortés recomendaba a
Su Majestad que no mandase médicos al Nuevo
Mundo y los formenterenses, hasta hace bien
poco, hacían huir a todo matasanos que
pisara su isla embrujada de cuento y
encanto.
Pero la medicina va
volviendo a sus orígenes.
Hipócrates, el ibicenco
Avicena, los chamanes amazónicos,
las brujas de Aubarca, la homeopatía, el
humanista Marañón…regresan y juntan
el saber de la Antigüedad con las técnicas
modernas, algo que nunca debiera haberse
separado.
Como el sabio doctor
Julián Vilás, admirado amigo, que
viéndome moribundo me recomendaba que
visualizara mi propia sanación para
autoayudarme. Sin duda los que han visto la
guerra no son esclavos de las máquinas,
saben que existen los milagros y creen en
el poder de la mente.
Y tras estas
divagaciones me voy a por un helado. Tengo
curiosidad por comprobar si el altruista
Vlad me permiten echarle un chorrito de ron
al chocolate.