Los geógrafos e historiadores del
Califato de Córdoba habían llamado a las
Islas Baleares, desde su perspectiva de
poniente, «las islas orientales de
Al-Andalus», mientras hoy los cronistas
políticos catalanes, desde la perspectiva
del norte, las llaman sencillamente «les
illes». En ambos casos se manifiesta una
cierta impresión de accesoriedad o quizá,
aunque preferiría no pensarlo, de
desprecio. Al final del primer milenio era
comprensible la minusvaloración de nuestras
islas puesto que el único atractivo que
ofrecían estaba representado por las
escalas técnicas y por el intercambio que
ofrecían a la navegación mediterránea pues
la verdadera base de la riqueza se centraba
cerca de los ríos que daban feracidad a las
ricas vegas que regaban. Pero hoy «la
insularidad» ha pasado de escala técnica a
ser fuente de creación de una nueva
riqueza, que excede del simple turismo, por
la aportación hecha por el transporte aéreo
que salta con facilidad y poco coste los
antiguos obstáculos de las montañas y el
mar.
No creo que con los nuevos
estatutos que se avecinan España se rompa,
aunque es muy probable que se debilite de
tal forma que se puede quedar como la
víctima de un accidente de tráfico que no
se muere en el encontronazo pero resulta
tan tocada que se queda tetrapléjica. Y
aquí, por desconocimiento o por
irresponsabilidad, todo el mundo parece
encantado. Con la cantinela del suave y
democrático camino hacia la paz o con la
profundización de la virtudes de los
nacionalismos, los costes económicos que
todo ello supondrá, más los que vengan por
la complicación y ambigüedad de las nuevas
competencias, tanto si son repartidas,
compartidas ó superpuestas y envueltas en
la inseguridad jurídica que siempre ayuda
al consenso político a corto plazo, tales
costes, repito, pueden llevar a la pérdida
de la fuerza y velocidad de crucero que
nuestra economía ha obtenido.
Tampoco
se rompió el Islam español cuya máxima cota
de poder y prestigio se había obtenido con
el Califato, pero se debilito gravemente
con la aparición de las Taifas en las que
la pérdida de poder no impidió una época de
notable desarrollo cultural y artístico que
en aquel momento era incluso superior al de
los reinos cristianos, nacidos en la dureza
de las montañas del norte, que fueron al
final los vencedores. La debilidad
sobrevenida por las Taifas no se resolvió
con las nuevas ayudas africanas y la fuerza
impresionante de los almorávides y los
almohades que no se integraron en una
población de cultura superior que había
sumado a su sólida base romana y visigótica
lo mejor del Islam, que además había
aportado desde oriente lo más avanzado de
la ciencia y filosofía griegas. Con la
disolución del Califato nuestras islas
pasaron a depender de la Taifa de Denia, lo
que podría ser un aviso de que hoy podrían
pasar a depender de la Taifa
catalana.
Ante esta perspectiva
global ¿cuál es, en las islas, nuestro
futuro? ¿cuáles son nuestras armas para
ganarlo? Si escuchamos a nuestros políticos
o a la mayoría de nuestros intelectuales,
nuestras armas son y serán el victimismo
frente Madrid, el lloriqueo estilo
Boabdil, el despilfarro en todas sus
múltiples variantes y ricos matices, la
subvención sistemática a todo y passar
sa basina por Europa con la monserga
de alterar la geografía cambiando nuestra
insularidad mediterránea, para que se
equipare con la de las islas
«ultraperiféricas». Si con todo nuestro
lloriqueo no se conmueven los europeos,
también passarem sa basina por
delante de la Generalitat, -reconoceremos
la capitalidad de Barcelona para nuestra
incipiente y ridícula Eurorregión,
impondremos obligatoriamente a todos el
.cat, aceptaremos un trilingüismo
descafeinado con predominio absoluto del
catalán estándar o crearemos algún otro
invento «sin importancia» para ir
tirando.
¿De qué nos sirve haber
alcanzado en nuestras islas un desarrollo
por encima de la media de las regiones
europeas? ¿Por qué seguir mendigando y en
cambio despreciamos el ejemplo dado y los
recursos creados por nuestros mejores
empresarios que han saltado el Océano, que
han sido considerados en su especialidad,
lo mejor del mundo? ¿Por qué no aprovechar
todas nuestras inmensas posibilidades
insulares? ¿Vamos a seguir jaleando a
nuestros dirigentes, del color que sean,
por su miopía de no ver más lejos de la
fecha de las próximas elecciones?