ESTEBAN URREIZTIETA
PALMA.-
«Me voy a comer la placenta. Pienso que
será bueno. Muy nutritivo. Me comeré el
cordón umbilical y la placenta ahí mismo
-en el quirófano-». Estas declaraciones las
realizó hace unas semanas el actor
norteamericano Tom Cruise a la revista
masculina GQ en vísperas del
nacimiento de su primera hija biológica con
Katie Holmes, protagonista de la película
Batman Begins. Este mismo
planteamiento se escuchó el sábado pasado
en el Area de Maternidad del Hospital
palmesano de Son Dureta.
Pero
entonces no lo expuso el protagonista de
Misión Imposible y Nacido el 4 de
julio sino un varón español de unos 30
años que acompañaba a su mujer mientras
ésta daba a luz a su hijo.
«Suponemos que lo dirá en broma», le
inquirieron una y otra vez entre risas los
ginecólogos que atendieron a su esposa. «Lo
digo completamente en serio, me la quiero
llevar», les respondió. Tras la insistencia
de este individuo, un estupefacto equipo
médico se vio obligado a resolver una
situación sin precedentes en la historia
sanitaria de las Islas.
Nadie había
planteado ni sugerido jamás la posibilidad
de llevarse a su domicilio la placenta, que
no es otra cosa que el tejido que envuelve
al feto en el vientre de la madre durante
el embarazo.
Tras evacuar las
consultas legales pertinentes, los
ginecólogos denegaron la petición del
solicitante. El motivo pasa, le explicaron
al padre de la criatura, porque está
terminantemente prohibido sacar fluidos o
tejidos humanos de un centro sanitario sin
seguir el protocolo de seguridad
establecido y mucho menos para proceder a
su ingesta, como se pretendía en este
caso.
La idea de Cruise se ha
reproducido en Son Dureta después de
generarse, a raíz del anuncio del actor
americano, un debate mundial sobre los
supuestos beneficios que esconde este
órgano humano para quien se lo coma.
Los defensores de esta práctica
arguyen que un buen número de especies
animales lo hacen. Sin embargo, no es menos
cierto que mamíferos como las cebras o los
antílopes llevan a cabo esta práctica para
borrar las huellas del parto y proteger a
sus crías de los depredadores.
Las
teorías
Si bien el ser humano no
tiene este problema, hay quien subraya el
alto contenido proteíco de la placenta y
existen culturas ancestrales que apuestan
porque sea la madre la que la ingiera como
remedio natural para combatir la depresión
postparto.
Sea como fuere la
iniciativa propagada por el ex de la actriz
australiana Nicole Kidman, con quien adoptó
dos hijos -Isabella y Connor- sólo cuenta
con escasos y extravagantes precedentes.
El primero, el del célebre chef
británico Hugh Fearnley-Whittingstall, que
cocinó en una ocasión, delante de las
cámaras del Canal 4, la placenta de un
bebé. La frió con ajo y cebolleta y se la
dio a probar a una veintena de invitados,
incluyendo a los padres de la criatura.
Entre los excéntricos de la placenta se
encuentra también el cantante Rod Steward y
su última pareja, la modelo Penny
Lancaster. Ambos llegaron a llevarse a su
domicilio la de su bebé para rociarla con
aceite de hoja de té antes de enterrarla en
su jardín.
No obstante, y a pesar de
la polémica desatada, el candidato al Oscar
en tres ocasiones no llegó finalmente a
comerse la placenta de su hija Suri, que
nació en Los Angeles (EEUU) el pasado 19 de
abril. La llegada al mundo de esta niña,
cuyo nombre significa «princesa» en hebreo,
según el comunicado oficial de la pareja,
se enclava en la última moda que se ha
impuesto en Hollywood.
La de
bautizar a los recién nacidos con nombres
como Apple en el caso de la hija de Gwyneth
Paltrow o Pilot Inspektor, que así ha sido
como Jason Lee ha decidido llamar a su
hijo.