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  Miércoles, 19 de abril de 2006 Actualizado a las 00:35
 

LA PLUMA
Estudiar en el paraíso

JORGE MONTOJO


Un año más están las Baleares a la cabeza nacional de fracaso escolar. Es triste y paradójico que una de las regiones más ricas de Europa sea la región con más fugados de la escuela. El que consigan trabajo fácil en los hoteles es causa principal, pero no la única. Podríamos también echar las culpas a algunos rencorosos sectores de la enseñanza que son ayatollahs del catalán y castigan a los que hablan en español -el castellano es solo el español que se habla en Castilla; el español, divino invento ibérico para poder entendernos, es la lengua de todos- aunque sean niños ecuatorianos o alemanes que preferirían saber escribir mejor la lengua de Cervantes.

Otra causa es sin duda el método. ¿Por qué demonios el ir a la escuela es un martirio? Posiblemente si se impartieran otras asignaturas que fomenten más el pensamiento que la sola memoria, el alumno se comprometería más porque pensar siempre ha sido excitante. La lectura debiera alimentarse desde la infancia, pero no con Kafka ni lecturas medievales, sino con las maravillas de Alejandro Dumas. Antes que mandar leer Luces de Bohemia que inviten a compartir las aventuras del marqués de Bradomín, el don Juan más admirable por ser feo, católico y sentimental. Estoy convencido que estas lecturas tan vivas captarían de lleno la atención del esclavo de la game boy, y la literatura seguiría cumpliendo su función de libertar al hombre.

Pero la razón más importante de tal fracaso es que vivimos en el paraíso. Y en medio de tanta belleza el estar encerrado en un aula se hace insoportable. El espíritu de Huckelberry sobrevuela aunque no sepan quién es, y al mínimo resplandor salen a las playas desiertas a jugar o descubren que la primavera ha venido gracias al reflejo en las dilatadas pupilas de un súbito objeto de deseo, y se pierden por los bucólicos campos de Longo.

Entre los bárbaros del Norte la escuela se sigue más disciplinariamente. ¿Adónde van a ir los pobrecitos en medio de esas frías latitudes? Así les salen tantos filósofos que dan vueltas a la vida sin vivirla y que sueñan con invadirnos. Pero la filosofía es luminosa y cálida cuando nace en las riberas mediterráneas, como bien sabían tanto Ortega y Gasset como George Santayana.

No aprendemos de la escuela sino de la vida, dice un adagio latino. Y a la vida se lanzan los escolares baleáricos que huyen del enjuto profesor. Si se enrolaran en un barco y se lanzasen a la aventura, tal y como soñaba el visionario Julio Verne para escapar del futuro de notario que le dictaba su padre, me parecería estupendo, pero la realidad es que acaban demasiado pronto en un trabajo servil que aniquilará su afán de superarse. Hay que salir del redil para atreverse a soñar.

 
   
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