ENRIQUE FUERIS
PALMA.- Como un
vendaval pasó el temido y largamente
anunciado macrobotellón. El evento acabó
arrastrando a 8.000 jóvenes que
convirtieron el Paseo Marítimo en su barra
libre particular; una asistencia
multitudinaria y una riada de basura como
colofón son las notas más destacadas de una
noche que a pesar de desbordar todas las
expectativas, transcurrió sin graves
incidentes y sin una sola multa por
ensuciar la vía pública.
Después de
unos inicios titubeantes, la concentración
acabó reuniendo a una gran cantidad de
jóvenes. De entre estos, la Policía arrestó
a ocho por desorden público mientras que el
061 tuvo que atender a otros ocho por
intoxicación etílica, ninguno de ellos, sin
embargo, en estado grave.
La Policía
Local realizó tres detenciones por
vandalismo, mientras que agentes de la
Policía Nacional detuvieron a dos jóvenes
por agresiones y a otros tres por invadir
embarcaciones. Los controles de alcoholemia
se sucedieron a partir de la medianoche
hasta un total de 32 que arrojaron como
resultado ocho positivos. Además, se
registraron cinco actas por venta de
alcohol después de las 00.00 horas y cinco
denuncias por el exceso decibélico de los
coches de los asistentes.
Pero el
auténtico macrorresacón lo sufrió
en sus carnes el propio Paseo
Marítimo, ya convertido en un verdadero
estercolero mucho antes del amanecer. Los
operarios de Emaya contemplaban
estupefactos el interminable reguero de
basura que había legado la
macrofiesta. Las previsiones en
términos de suciedad también fueron
ampliamente desbordadas; el dispositivo de
limpieza tuvo que incrementarse con dos
operarios, una barrendera y un camión de
trastos extras.
La lamentable estampa
de desolación del campo de batalla fue
especialmente desconcertante teniendo en
cuenta los 24 contenedores de basura de 230
litros que se había dispuesto en toda la
zona. Los operarios comprobaron atónitos
como muchos de los cubos se encontraban
cercados por una siembra de botellas a la
vez que incomprensiblemente semivacíos. Las
miríadas de porquería habían alcanzado
incluso las aguas del Paseo, patrulladas
durante la noche por una zodiac de la
Guardia Civil. Nadie fue multado por
ello.
Las labores de limpieza se
prolongaron desde las seis hasta las doce
de la mañana en un recorrido de vidrio y
plástico que alcanzaba hasta la zona de
Porto Pi.
A pesar de que la
convocatoria era a las 22.00 horas, la
gente no alteró sus hábitos; la
congregación callejera comenzó a gestarse
realmente pasada la medianoche. Antes de
esa hora, los asistentes difícilmente
alcanzaban el millar. Ante esta
perspectiva, había quien ya auguraba un
fracaso de la convocatoria y manifestaba
una tempranera decepción: «esto parece el
microbotellón»; el vuelco a esta
situación no se hizo esperar mucho.
Los buses de nit no paraban
de depositar nuevos reclutas en los
aledaños del Paseo Marítimo y a la una y
media de la madrugada ya se había superado
holgadamente las 5.000 personas. La gente
seguía llegando cargadas de bolsas y la
zona frente a la discoteca Tito's se
congestionó especialmente. El desenfreno
etílico ya era una realidad y a las 3 de la
mañana, la hora punta, 8.000 gargantas
brindaban ante las cámaras de televisión.
La muchedumbre contrastaba con la
congregación de Campos, limitada a unas 200
personas a causa del férreo control
policial.