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  Lunes, 10 de abril de 2006 Actualizado a las 01:12
 

PALMA
El macrobotellón reúne a ocho mil jóvenes y acaba con 8 detenidos

- La congregación de veinteañeros convierte el Paseo Marítimo de Palma en un estercolero - La noche finalizó con una decena de intoxicaciones etílicas

  A D E M A S
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ENRIQUE FUERIS

PALMA.- Como un vendaval pasó el temido y largamente anunciado macrobotellón. El evento acabó arrastrando a 8.000 jóvenes que convirtieron el Paseo Marítimo en su barra libre particular; una asistencia multitudinaria y una riada de basura como colofón son las notas más destacadas de una noche que a pesar de desbordar todas las expectativas, transcurrió sin graves incidentes y sin una sola multa por ensuciar la vía pública.

Después de unos inicios titubeantes, la concentración acabó reuniendo a una gran cantidad de jóvenes. De entre estos, la Policía arrestó a ocho por desorden público mientras que el 061 tuvo que atender a otros ocho por intoxicación etílica, ninguno de ellos, sin embargo, en estado grave.

La Policía Local realizó tres detenciones por vandalismo, mientras que agentes de la Policía Nacional detuvieron a dos jóvenes por agresiones y a otros tres por invadir embarcaciones. Los controles de alcoholemia se sucedieron a partir de la medianoche hasta un total de 32 que arrojaron como resultado ocho positivos. Además, se registraron cinco actas por venta de alcohol después de las 00.00 horas y cinco denuncias por el exceso decibélico de los coches de los asistentes.

Pero el auténtico macrorresacón lo sufrió en sus carnes el propio Paseo Marítimo, ya convertido en un verdadero estercolero mucho antes del amanecer. Los operarios de Emaya contemplaban estupefactos el interminable reguero de basura que había legado la macrofiesta. Las previsiones en términos de suciedad también fueron ampliamente desbordadas; el dispositivo de limpieza tuvo que incrementarse con dos operarios, una barrendera y un camión de trastos extras.

La lamentable estampa de desolación del campo de batalla fue especialmente desconcertante teniendo en cuenta los 24 contenedores de basura de 230 litros que se había dispuesto en toda la zona. Los operarios comprobaron atónitos como muchos de los cubos se encontraban cercados por una siembra de botellas a la vez que incomprensiblemente semivacíos. Las miríadas de porquería habían alcanzado incluso las aguas del Paseo, patrulladas durante la noche por una zodiac de la Guardia Civil. Nadie fue multado por ello.

Las labores de limpieza se prolongaron desde las seis hasta las doce de la mañana en un recorrido de vidrio y plástico que alcanzaba hasta la zona de Porto Pi.

A pesar de que la convocatoria era a las 22.00 horas, la gente no alteró sus hábitos; la congregación callejera comenzó a gestarse realmente pasada la medianoche. Antes de esa hora, los asistentes difícilmente alcanzaban el millar. Ante esta perspectiva, había quien ya auguraba un fracaso de la convocatoria y manifestaba una tempranera decepción: «esto parece el microbotellón»; el vuelco a esta situación no se hizo esperar mucho.

Los buses de nit no paraban de depositar nuevos reclutas en los aledaños del Paseo Marítimo y a la una y media de la madrugada ya se había superado holgadamente las 5.000 personas. La gente seguía llegando cargadas de bolsas y la zona frente a la discoteca Tito's se congestionó especialmente. El desenfreno etílico ya era una realidad y a las 3 de la mañana, la hora punta, 8.000 gargantas brindaban ante las cámaras de televisión. La muchedumbre contrastaba con la congregación de Campos, limitada a unas 200 personas a causa del férreo control policial.

 
   
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