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  Lunes, 10 de abril de 2006 Actualizado a las 00:54
 

LA TELARAÑA
Papeles y dígitos

JUAN PLANAS BENNASAR


El sábado estuve en los jardines de La Misericordia donde se inauguró la I Fira del Llibre Antic i d'Ocasió. Me gustan los libros antiguos, su olor áspero y su tez amarillenta. También reencontrarme con el puesto de la entrañable Llibreria Fiol. Ahí he hecho, y rehecho, varias veces mi pequeña biblioteca. Será la nostalgia del papel en plena era digital. Nunca mejor dicho.

Hace unas pocas semanas les aventuré -dándole vueltas a la inutilidad práctica y al sectarismo ideológico nacionalista del punto cat- que el futuro en Internet pasaba por la puesta en marcha del dominio punto eu. Bien. Desde el pasado viernes cualquiera puede ya adquirirlo, al módico precio de unos quince euros, y más de un millón de peticiones, con Alemania, Reino Unido, Holanda y Suecia a la cabeza, están colapsando la empresa que lo gestiona, el EURid. También empieza a despertarse la demanda española, lo que tiene su mérito dado el lamentable estado actual de las comunicaciones en España. Las promesas iniciales de Rodríguez Zapatero no se han cumplido y seguimos en la cola de Europa con la peor relación de calidad, velocidad y precio posibles. Un desastre.

Ello explicaría, aunque sólo en parte, dado que el aguante de las vísceras también tiene su límite, el colapso general cuando se entra en la página de Miquel Angel Llauger y se lee su alegato a favor del impuesto de sucesiones. Como no tiene argumentos y lo reconoce, menos mal, se limita a transcribir el memorable artículo publicado fechas atrás en el Diario de Mallorca por Aleix Calveras Maristany, profesor de Economía de la Empresa de la UIB. Por lo visto, siempre hay alguien en nuestra Universidad dispuesto a echar piedras contra el sentido común. Sólo un apunte propio y además de refilón. Si unas propiedades ya pagan sus impuestos vía IRPF y van a seguir pagándolos al pasar de padres a hijos, a qué sumarles un nuevo gravamen por el simple trámite burocrático de su transmisión. Dan ganas de llorar.

 
   
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