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  Lunes, 10 de abril de 2006 Actualizado a las 00:55
 

LA PLUMA
Los 'conversos' de Aina Rado

JOAN FONT ROSSELLO


En el último pleno del Consell la izquierda mallorquina trajo una vez más a colación la «memoria histórica» de la Guerra Civil. Aina Rado, la diputada socialista más sectaria de todo el arco parlamentario, empezó resaltando los avances de la Constitución Republicana de 1931, «una de las más avanzadas de Europa». Nadie lo discute. Ahora bien, y siguiendo la consigna socialista de «ni una mala palabra pero ni una buena acción», deberíamos recordarle a Rado que son preferibles unas leyes deficientes con unos gobernantes que las cumplan que unas buenas leyes con unos gobernantes que, o bien no las cumplen, o bien las instrumentalizan como armas de combate hacia el adversario. Esto último fue lo que ocurrió durante la II República, donde el PSOE pasó de un respeto inicial (incluso patrimonializando la República, como todavía hace Rado) al nuevo régimen a pretender desbordarlo con una revolución obrera. El PSOE perdió la Guerra Civil, pero esto no los hace moralmente superiores a los vencedores. El PSOE tuvo sus víctimas en la Guerra, en efecto, pero también tuvo sus verdugos: las checas, Paracuellos, asesinato de clérigos, etc. El PSOE se levantó contra la propia República en 1934 y la irresponsabilidad de sus dirigentes fue una de las causas principales que condujo al levantamiento franquista. El PSOE no está por tanto legitimado para dar lecciones democráticas a nadie. Y no digamos el PCE donde milita la consellera comunista Marilena Tugores, responsable de numerosos crímenes en la Guerra Civil, no sólo del bando enemigo, sino de sus propios compañeros anarquistas o del POUM, también desaparecidos, por cierto.

En su intervención, Rado nos llamó «conversos» a los del PP, que «nosotros sí habíamos enterrado a nuestros muertos y que les habíamos dedicado calles, mientras todavía había muchos republicanos desaparecidos». En resumen, volvió a identificar al PP con el franquismo y negó la legitimidad democrática del PP. Lo grave no son las ofensas de una Rado que habita en su propia concepción del mundo simplista y sectaria del izquierdismo más radical, lo que explica este odio visceral que le lleva a creerse que el PP es un partido neofranquista, lo grave es que el clima de opinión aquí en España permita que Rado pueda decir tantas mentiras y sandeces.

Sin duda, el gran responsable de este status quo ambiental la tiene el PP, quien siempre ha rehuido entrar en este tipo de debates. Rehuir los debates, no plantar cara, no saltar a la arena para enfrentarse a las rados o a las tugores al final acaba teniendo unos efectos nefastos con el tiempo. El adversario termina ocupando el espacio público y la opinión pública va asumiendo (como lluvia fina) las únicas tesis que con tanto ardor se defienden. Como el PP no entra en debate, será que tienen algo que ocultar. Como el PP no entra en debate, será que no sabe como contestar.

 
   
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