En el último pleno del Consell la
izquierda mallorquina trajo una vez más a
colación la «memoria histórica» de la
Guerra Civil. Aina Rado, la diputada
socialista más sectaria de todo el arco
parlamentario, empezó resaltando los
avances de la Constitución Republicana de
1931, «una de las más avanzadas de Europa».
Nadie lo discute. Ahora bien, y siguiendo
la consigna socialista de «ni una mala
palabra pero ni una buena acción»,
deberíamos recordarle a Rado que son
preferibles unas leyes deficientes con unos
gobernantes que las cumplan que unas buenas
leyes con unos gobernantes que, o bien no
las cumplen, o bien las instrumentalizan
como armas de combate hacia el adversario.
Esto último fue lo que ocurrió durante la
II República, donde el PSOE pasó de un
respeto inicial (incluso patrimonializando
la República, como todavía hace Rado) al
nuevo régimen a pretender desbordarlo con
una revolución obrera. El PSOE perdió la
Guerra Civil, pero esto no los hace
moralmente superiores a los vencedores. El
PSOE tuvo sus víctimas en la Guerra, en
efecto, pero también tuvo sus verdugos: las
checas, Paracuellos, asesinato de clérigos,
etc. El PSOE se levantó contra la propia
República en 1934 y la irresponsabilidad de
sus dirigentes fue una de las causas
principales que condujo al levantamiento
franquista. El PSOE no está por tanto
legitimado para dar lecciones democráticas
a nadie. Y no digamos el PCE donde milita
la consellera comunista Marilena
Tugores, responsable de numerosos
crímenes en la Guerra Civil, no sólo del
bando enemigo, sino de sus propios
compañeros anarquistas o del POUM,
también desaparecidos, por cierto.
En su intervención, Rado nos llamó
«conversos» a los del PP, que «nosotros sí
habíamos enterrado a nuestros muertos y que
les habíamos dedicado calles, mientras
todavía había muchos republicanos
desaparecidos». En resumen, volvió a
identificar al PP con el franquismo y negó
la legitimidad democrática del PP. Lo grave
no son las ofensas de una Rado que habita
en su propia concepción del mundo simplista
y sectaria del izquierdismo más radical, lo
que explica este odio visceral que le lleva
a creerse que el PP es un partido
neofranquista, lo grave es que el clima de
opinión aquí en España permita que Rado
pueda decir tantas mentiras y
sandeces.
Sin duda, el gran
responsable de este status quo
ambiental la tiene el PP, quien siempre ha
rehuido entrar en este tipo de debates.
Rehuir los debates, no plantar cara, no
saltar a la arena para enfrentarse a las
rados o a las tugores al
final acaba teniendo unos efectos nefastos
con el tiempo. El adversario termina
ocupando el espacio público y la opinión
pública va asumiendo (como lluvia fina) las
únicas tesis que con tanto ardor se
defienden. Como el PP no entra en debate,
será que tienen algo que ocultar. Como el
PP no entra en debate, será que no sabe
como contestar.