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  Lunes, 10 de abril de 2006 Actualizado a las 00:50
 

MINUTO 91 i TOMEU MAURA
Los 40 puntos ya no serán suficientes


La Liga se acerca al final y como siempre a estas alturas se mueve en términos cabalísticos. Los arcanos lo llamaban oráculo. Aquí en la España de la postguerra se inventaron el término "Cuentas de la Lechera". Una definición al uso que hay que se aplican todos y cada uno de los equipos que se mueven en las profundidades de esta laguna Estigia. Hoy, a seis jornadas para que se eche al telón, no hay ni un solo aficionado, ni un solo directivo y ni un solo entrenador (en cuanto a los jugadores, tengo mis dudas) que no lleve emborronados un buen montón de folios. Con sumas, con restas y con divisiones. Pero es curioso. Casi nunca se despeja la incógnita. La X siempre queda debajo en el quebrado.

Quizás sea porque en el fútbol la casuística es demasiado poderosa. Tomemos como ejemplo la jornada de este fin de semana. Todos los que sumaron y restaron acertaron cuando imaginaron que Athletic y Mallorca podían empatar. Tampoco tienen mucho mérito los que pronosticaron la X en el Espanyol-Atlético. Sí que estuvieron más avezados los que le dieron posibilidades al Racing. Pero nadie fue capaz de predecir el punto de la Real Sociedad en el Santiago Bernabéu. Un punto que causó el sábado por la noche tanta convulsión como había supuesto la semana anterior el triunfo donostiarra ante el Málaga. Al final la jornada ha arruinado la cábala. Los pronósticos se quedaron en agua de borrajas y en el resumen el peor parado fue el Alavés, el único de los de abajo que perdió (el Málaga, para su desgracia, ya no cuenta). El nivel de exigencia ha aumentado y ya pocos dudan que el listón de la salvación va a estar por encima de los 40 puntos. Es decir, que al Mallorca le faltan casi tres victorias.

El punto de ayer en San Mamés hubiera sabido a gloria de haber perdido la Real en el Bernabéu. Ahora sólo se podrá saber su alcance tras el partido de este sábado ante el Alavés, sin duda el más importante de toda la temporada para el Mallorca. En los tres puntos que se ponen en juego en Son Moix reside el futuro del equipo. Mantenerlos en Palma significa darle al enemigo vitoriano una estocada en el corazón. Cualquier otro resultado es peligroso. Demasiado peligroso.

Claro que mucho peor hubiera sido salir derrotado del Botxo, donde un temprano gol de Fran Yeste pareció resucitar a los recientes fantasmas de Vigo. Por suerte el Mallorca rescató un justo empate gracias al pundonor de Tuni y el oportunismo de Arango, después de un partido extraño y desbaratado que quedó marcado por las tres sustituciones a las que se vio obligado Clemente en la primera parte.

Por supuesto hay que detenerse en la segunda de ellas. Sobre todo en la jugada que la originó y en las consecuencias. Un despeje largo de la defensa del Mallorca superó a los centrales bilbaínos y cayó justo frente a Pisculichi, que salió corriendo a por el balón junto a Gurpegui. Pero no sólo fueron ellos. El portero Lafuente se lanzó como un poseso y en su camino arrolló a su compañero. El argentino, que fue más listo, encontró un pasadizo lateral, y tras el tremendo topetazo entre los dos bilbaínos se encontró de nuevo con el balón, sólo que ahora a un paso de la línea de gol. Rodríguez Santiago pareció irse al centro del campo, pero tras un instante de duda general optó por la vía fácil. Falta a favor del Athletic. Falta que no era. El gol debió haber subido al marcador. Era el 1-2.

Hoy no voy a entrar a juzgar si los árbitros ayudan o no al Athletic. Desde luego al Mallorca no le favorecen, eso no creo que haya nadie capaz de discutirlo. Pero sí que quiero detenerme en la actitud de nuestros colegiados. Es lamentable. En Mestalla Mejuto González dejó sin sanción un penalti cometido por Sergio Ramos, que cogió el balón con las manos en el área porque creía que había pitado falta. No lo pitó porque era absurdo. Sinceramente creo que fue la única razón. También estoy convencido de que ayer Rodríguez Santiago no dio validez al gol de Pisculichi porque vio lesionado grave a Gurpegui. No pienso que quisiera favorecer al Athletic, pero sí que tratara de quitarse los problemas de encima. Una decisión cobarde que privó al Mallorca de dos puntos que ojalá no eche de menos. En el futuro es imprescindible que el fútbol levante de una vez por todas sus cimientos arcaicos. Y dejar tanta responsabilidad en manos de una sola persona es injusto para todos. Empezando por el propio árbitro.

En la era de la alta tecnología, es inconcebible que el deporte que más dinero mueve en todo el mundo se siga sosteniendo con técnicas cavernícolas.

 
   
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