La Liga se acerca al final y como
siempre a estas alturas se mueve en
términos cabalísticos. Los arcanos lo
llamaban oráculo. Aquí en la España de la
postguerra se inventaron el término
"Cuentas de la Lechera". Una
definición al uso que hay que se aplican
todos y cada uno de los equipos que se
mueven en las profundidades de esta laguna
Estigia. Hoy, a seis jornadas para que se
eche al telón, no hay ni un solo
aficionado, ni un solo directivo y ni un
solo entrenador (en cuanto a los jugadores,
tengo mis dudas) que no lleve emborronados
un buen montón de folios. Con sumas, con
restas y con divisiones. Pero es curioso.
Casi nunca se despeja la incógnita. La X
siempre queda debajo en el
quebrado.
Quizás sea porque en el
fútbol la casuística es demasiado poderosa.
Tomemos como ejemplo la jornada de este fin
de semana. Todos los que sumaron y restaron
acertaron cuando imaginaron que Athletic y
Mallorca podían empatar. Tampoco tienen
mucho mérito los que pronosticaron la X en
el Espanyol-Atlético. Sí que estuvieron más
avezados los que le dieron posibilidades al
Racing. Pero nadie fue capaz de predecir el
punto de la Real Sociedad en el Santiago
Bernabéu. Un punto que causó el sábado por
la noche tanta convulsión como había
supuesto la semana anterior el triunfo
donostiarra ante el Málaga. Al final la
jornada ha arruinado la cábala. Los
pronósticos se quedaron en agua de borrajas
y en el resumen el peor parado fue el
Alavés, el único de los de abajo que perdió
(el Málaga, para su desgracia, ya no
cuenta). El nivel de exigencia ha aumentado
y ya pocos dudan que el listón de la
salvación va a estar por encima de los 40
puntos. Es decir, que al Mallorca le faltan
casi tres victorias.
El punto de ayer
en San Mamés hubiera sabido a gloria de
haber perdido la Real en el Bernabéu. Ahora
sólo se podrá saber su alcance tras el
partido de este sábado ante el Alavés, sin
duda el más importante de toda la temporada
para el Mallorca. En los tres puntos que se
ponen en juego en Son Moix reside el futuro
del equipo. Mantenerlos en Palma significa
darle al enemigo vitoriano una estocada en
el corazón. Cualquier otro resultado es
peligroso. Demasiado peligroso.
Claro
que mucho peor hubiera sido salir derrotado
del Botxo, donde un temprano gol de Fran
Yeste pareció resucitar a los recientes
fantasmas de Vigo. Por suerte el Mallorca
rescató un justo empate gracias al pundonor
de Tuni y el oportunismo de Arango, después
de un partido extraño y desbaratado que
quedó marcado por las tres sustituciones a
las que se vio obligado Clemente en la
primera parte.
Por supuesto hay que
detenerse en la segunda de ellas. Sobre
todo en la jugada que la originó y en las
consecuencias. Un despeje largo de la
defensa del Mallorca superó a los centrales
bilbaínos y cayó justo frente a Pisculichi,
que salió corriendo a por el balón junto a
Gurpegui. Pero no sólo fueron ellos. El
portero Lafuente se lanzó como un poseso y
en su camino arrolló a su compañero. El
argentino, que fue más listo, encontró un
pasadizo lateral, y tras el tremendo
topetazo entre los dos bilbaínos se
encontró de nuevo con el balón, sólo que
ahora a un paso de la línea de gol.
Rodríguez Santiago pareció irse al centro
del campo, pero tras un instante de duda
general optó por la vía fácil. Falta a
favor del Athletic. Falta que no era. El
gol debió haber subido al marcador. Era el
1-2.
Hoy no voy a entrar a juzgar si
los árbitros ayudan o no al Athletic. Desde
luego al Mallorca no le favorecen, eso no
creo que haya nadie capaz de discutirlo.
Pero sí que quiero detenerme en la actitud
de nuestros colegiados. Es lamentable. En
Mestalla Mejuto González dejó sin sanción
un penalti cometido por Sergio Ramos, que
cogió el balón con las manos en el área
porque creía que había pitado falta. No lo
pitó porque era absurdo. Sinceramente creo
que fue la única razón. También estoy
convencido de que ayer Rodríguez Santiago
no dio validez al gol de Pisculichi porque
vio lesionado grave a Gurpegui. No pienso
que quisiera favorecer al Athletic, pero sí
que tratara de quitarse los problemas de
encima. Una decisión cobarde que privó al
Mallorca de dos puntos que ojalá no eche de
menos. En el futuro es imprescindible que
el fútbol levante de una vez por todas sus
cimientos arcaicos. Y dejar tanta
responsabilidad en manos de una sola
persona es injusto para todos. Empezando
por el propio árbitro.
En la era de
la alta tecnología, es inconcebible que el
deporte que más dinero mueve en todo el
mundo se siga sosteniendo con técnicas
cavernícolas.