GOMEZ LOSADA. GEOGRAFIA RESERVADA
La Fàbrica de Licors. Hasta el
24 de abril
ASUN CLAR/ CARLOS
JOVER
PALMA.- Cuatro son los ámbitos,
mezcla de territorio y escenario, en los
que el malagueño Gómez Losada envuelve al
visitante en su deambular entre las salas
de la galería. Fotografía, vídeo e
instalación encuentran un espacio propio
que refuerza un sentido unitario del que
participan cada una de las series:
Geografía reservada, Bering, Toro
cansado y Una historia rusa
invitan a adentrarse en vastos
territorios en los que la idea de paisaje
se convierte en «lugar» en el que las
acciones se precipitan, espacio propicio
para desencadenar acontecimientos sin
protagonistas.
Esta inmersión,
intrínseca a la naturaleza de cualquier
instalación, (que aquí consiste en tierra
que se acomoda entre suelo y pared,
conformando una orografía doméstica en
diminuto), se obtiene también plenamente
por el efecto (intencionadamente falso, en
este caso) de una fotografía casi aérea,
que involucra al espectador que
«sobrevuela» así un escenario desde la
distancia, abarcándolo con una mirada
implícita de voyeur expectante.
Esta
visualidad lo introduce en una muestra de
la que dice el autor que «es también la
representación íntima del norte, con poemas
visuales cuya metáfora es el frío». El
ficticio paisaje de las tierras desoladas
del estrecho de Bering se convierte en
helado escenario en las piezas de Toro
cansado. Estas últimas forman parte de una
secuencia fotográfica de quince, de lograda
narratividad, en donde la luz, el color, y
un escenario creado con elementos
esenciales, pero cargados de sentido, se
refuerzan para trasmitir el sobrecogimiento
y desolación en los que el frío adopta su
doble sentido de desamparo.
La
construcción de la escena no acontece
exclusivamente en la disposición de
elementos de ambigüedad visual que juegan
con el extrañamiento de una realidad que
desvela su ficción, sino que interviene
explícitamente con la introducción de
pequeñas estacas como elementos de
estructura, incorporación de la huella
humana en su asentamiento invasor y
medidor.
La fotografía supone un
juego ambivalente en relación a la
realidad: a su trascripción literal le
acompaña la posibilidad de proponer
imágenes que superan esta mera traducción
enfatizada, y la opción de construir
escenas de ficción, le abre de nuevo el
terreno a la tantas veces denostada
narratividad adoptada durante muchos años
por el espacio pictórico. Su autoridad como
máxima representación fidedigna de lo real,
obtiene un interesante sacudida cuando lo
que retrata pertenece a una realidad
inventada. En este caso, el teleobjetivo
presenta una escala distorsionada que
favorece unas lecturas centradas en la
imagen -de nuevo como en pintura- como
representación, dotándola de contenidos que
atañen al terreno de lo simbólico.
Gómez Losada es también pintor, sin
embargo ha demostrado un dominio de
lenguajes, tanto a nivel técnico como
conceptual, que le convierte en un artista
multidisciplinar, o como él se califica: en
constructor donde «recuperar la sorpresa y
la admiración ante lo insignificante». Esa
insignificancia se carga de eficacia
comunicadora tras ser reconsiderada bajo el
prisma de este autor, que tras ser
descubierto en Palma en la colectiva de
2005 en ABA art, habrá que seguir de
cerca.