Quedan justo diez jornadas para que la
Liga eche el telón. Treinta puntos en
disputa y un montón de enfrentamientos
directos. La teoría obliga a ser prudentes.
Sin embargo en la práctica el Mallorca
ofrece argumentos suficientes como para
sentirse optimistas. El empate de ayer en
Sevilla, ante uno de los mejores equipos de
Primera División, es la mejor prueba de
que, afortunadamente, algo ha cambiado, y
para bien, en el vestuario
'barralet'.
En el Pizjuán, Sevilla y
Mallorca brindaron un partido
extraordinario no en cuanto a calidad, pero
sí por derroche, tensión y ritmo de juego.
El de ayer es un ejemplo que, extrapolado a
la etapa más reciente del equipo, se
convertía en una derrota sin remisión.
Ahora no. Ahora los jugadores dan la cara
en cualquier estadio de España, sea cual
sea la envergadura de su rival y aunque
vayan por debajo en el marcador. Es cierto
que el Sevilla multiplicó por cuatro las
ocasiones que tuvo el Mallorca a lo largo
de los noventa minutos, pero nunca dejó de
subyacer la intuición de que en cualquier
momento podría llegar el empate. Como así
fue.
Fue una tarde de porteros. A
Palop el Mallorca le chutó muy poco, pero
tuvo ocasión de comprobar que tenía
enfrente a uno de los mejores guardavallas
del país. Universalmente está considerada
la mejor parada de la historia la que le
hizo el 'chino' Gordon Banks a Pelé en el
Inglaterra-Brasil de México 70. La de ayer
de Palop a Arango no le va muy a la zaga.
El valenciano sacó una mano increible tras
un remate del venezolano que no hubierando
parado el 90 por ciento de sus colegas de
Primera División. Y eso siendo
benevolentes.
En el otro arco Toni
Prats no dejó ninguna parada para la
historia, pero sí muchas intervenciones
decisivas. La última en tiempo de descuento
tras un remate del mallorquín Martí. Prats
está en el mejor momento de forma de la
temporada, vuelve a ser el guardameta al
que en el Betis le negaron injustamente su
llamada a la selección española y es una
verdadera garantía para el Mallorca. El
mejor portero nativo desde que Pedro Gost
cambió los guantes por el volante de
taxista.
En el resumen, el punto sabe
a gloria. Convierte en menos trascendente
el partido de pasado mañana ante el Cádiz.
Y demuestra que el Mallorca tiene plantilla
para estar mucho más arriba en la
clasificación. Su enemigo de ayer rayó a
gran altura. Abrió el juego por las bandas,
tuvo contundencia arriba y Saviola y Jesús
Navas volvieron loca a la defensa
'barralet'. Pero no fue suficiente para
doblegar a los de Manzano. Quizás porque
ahora desde el banquillo se dan órdenes
coherentes. Si a Prats hay que darle un
buen porcentaje de culpa del empate en el
Pizjuán, el otro hay que concedérselo a la
genial maniobra del banquillo. Manzano
acertó de pleno dando entrada a Víctor y
Okubo. El primero hizo la jugada del empate
y el segundo sacó el remate que venció la
intervención de Palop. Mejor,
imposible.
Ahora es conveniente
manejarse con prudencia. El terreno ahí
abajo es tan resbaladizo que cualquier
tropezón te lleva al hoyo. Y a partir de
ahora las victorias se van a poner muy
caras. Ha empezado la revolución de los de
abajo, y si no que se lo pregunten ayer a
Valencia y Real Madrid que mordieron el
polvo ante Rácing y Betis. Pero el mejor
aval con el que el Mallorca llega a la
recta final es su estructura táctica. Eso y
la evidente implicación de los jugadores
para sacar adelante a este equipo.