Arbitro: Pérez
Burrull
Tarjetas amarillas:
Jesús Navas, Adriano, Escudé, Prats,
Pereyra, Nunes.
Tarjetas rojas:
Ninguna.
Goles: 1-0,
Saviola (min. 35); 1-1, Okubo (min. 70).
ANTONIO CEJAS RUBIO
SEVILLA.-
El Sevilla, de nuevo presa de sus
carencias. Fue mucho mejor que el rival,
controló el partido casi siempre, pero
volvió a evienciar una ineficacia ante el
gol que ya parecía desterrada. Se le escapa
la Champions League tras un
empate injusto con un Mallorca ramplón en
defensa que los hombres de Juande Ramos no
tradujeron en el marcador.
Faltaba
Kanouté pero Saviola se multiplicó como
hacía tiempo que no se le veía y las bandas
aglutinaron todo el juego de ataque de los
sevillistas, con un Jesús Navas que no se
cansó nunca de poner balones de gol que sus
compañeros se afanaron en
desaprovechar.
Pero se lesionó Javi
Navarro, tras un manotazo del eternamente
brusco Ballesteros, y un encuentro plácido
como tenían hasta entonces los sevillistas
se tornó en pesadilla porque la dupla que
dispuso entonces Juande, Dragutinovic y
Escudé, se encargó de dar vida al rival. El
balcánico regaló toda la banda izquierda a
Victor en el origen del empate balear,
mientras que el francés, apto con el balón
en los pies, nunca pudo contrarrestar la
movilidad del japonés Okubo.
En los
primeros 45 minutos, la mejor noticia para
el Sevilla fue que no echó de menos al
lesionado Kanouté. El francés, erigido en
el estandarte ofensivo de los nervionenses,
fue sustituido por un entonado Luis Fabiano
que, no obstante, desperdició un clarísimo
remate de cabeza a bocajarro a los 19
minutos; y, sobre todo, por Saviola.
Castigado en la Copa de la UEFA, el
argentino se entendió a la perfección con
los extremos del Sevilla y generó muchas
ocasiones de marcar. Pronto se llevó el
primer susto el ex futbolista del Betis
Prats. Tras el saque de una falta de Martí,
Dragutinovic, completamente solo en el
segunda palo, envió un remate de cabeza por
encima del larguero (minuto
4).
Empezaron los de Juande
haciéndose dueños del balón. Martí y Renato
-mucho más entonado en las últimas
jornadas-, ningunearon a sus pares, Pereyra
y Basinas, más preocupados en la
destrucción del juego sevillista que en la
conexión con sus delanteros.
Y, como
casi siempre, las bandas se convirtieron en
dos auténticos filones. Adriano, hasta que
le duraron las fuerzas, volvió loco a
Cortés cada vez que apareció, mientras que
Jesús Navas, en complicidad con Saviola,
originó muchísimo fútbol. De sus botas
nació el 1-0 obra del pibito. El
canterano se escapó de su marcador y puso
un balón medido para que el ex de River
Plate sólo tuviera que desviar el balón y
sorprender a Prats.
Este gol era la
recompensa al buen fútbol de un Sevilla muy
sobrio en todas sus líneas. Tras un tanto
anulado a Saviola y un penalti de Fernando
Navarro sobre el argentino que Pérez
Burrull no quiso ver, el único susto de los
visitantes en la primera parte llegó justo
antes del 1-0. Arango, con un remate de
cabeza de escuela, obligó a Palop a hacer
un gran escorzo que evitó el tanto del
Mallorca. Paradón que las gradas respondió
con una cerrada oviación.
Ataque.
Jonás era el único que parecía tener
intenciones atacantes en los isleños.
Arango y Pisculichi, los hombres de mayor
calidad de los visitantes, eran superados
por un Javi Navarro omnipresente.
El
merodeo continuo de la portería rival
volvió a ser una constante en la segunda
parte por un Sevilla que, eso sí, bajó un
poco la intensidad de su juego. Los de
Gregorio Manzano, con el doble cambio de
Okubo y Víctor y, sobre todo, con la lesión
de Javi Navarro, respiraron y empezaron a
aproximarse con más ganas que ideas sobre
las inmediaciones de Palop.
Luis
Fabiano se encargó de desaprovechar sendas
asistencias de Jesús Navas y, a
continuación, fue Saviola el que puso a
prueba a Prats. En el rechace, Adriano se
quedó a escasos centímetros de llegar a un
balón que podría haber supuesto el 2-0 y la
sentencia.
De la posible alegría en
las gradas de Nervión, al mazazo. Víctor
rentabilizó la lentitud de Dragutinovic
para dejarle un balón de oro a Okubo, tras
rechace defectuoso de Palop, que se
convirtió en el 1-1.
De ahí al final,
impotencia de un Sevilla que se volcó en
busca de la victoria e impotencia de un
Jesús Navas que se desesperó ante la
inoperancia de sus compañeros en los mil y
unos balones que puso en el área
mallorquinista.