Confieso que Catalina Cirer me
inspira simpatía; supongo que como a muchos
otros/as palmesanos/as. La entrevista que
concedió el domingo al periódico ilumina a
sus lectores respecto al talante de nuestra
primera autoridad municipal, que es afable,
contemporizador, con ganas de agradar y no
ofender a nadie. Por encima de todo
consigue aparecer como una persona como
cualquier otra. Pero todos sabemos que no
es así. Es nuestra primera ciudadana,
miembro destacado del PP, amiga personal -a
tope, de Gabriel Cañellas, por ella tan
llorado, aún en vida-, comentarista
mallorquinista, entusiasta del ball de
bot y devota de nuestras
beatas.
Hay que señalar, con todo,
que algún que otro pellizco monjil destina
a amigos/as, porque enemigos seguro que no
tiene. A la amiga Munar, ave
poderosa, nada gallinácea, pues no es de
vuelo corto, la clasifica de anormal al
decir, hablando de ella: «No me puedo
comparar con ella, yo soy normal…
seguramente podría ir con ella en barco a
Cabrera… no podríamos compartir compras…»
Bueno, son mujeres, conservadoras,
políticas, con mucho poder, reparten
ensaimadas y coca a los pensionistas; son
comparables por diferentes, si fueran
iguales no se podrían comparar. Y no sé por
qué Cirer debería estar centrada en la
curva normal de Gauss y Munar en los
bordes. Menos normal es, con sus vestidos
al ample, la alcaldesa.
Tampoco entiendo demasiado la posibilidad
del viaje juntas a Cabrera y no de ir de
compras. ¿Acaso se proponen urbanizar la
isla? ¿Es que una se viste en Zara y la
otra en Loewe? «No presto tanta atención a
los cuidados como hace ella», continúa. De
ahí, Heidegger atribuiría a Munar la
condición de existencia (Dasein) al
prestar cuidado (Sorge), mientras
reservaría para ella la de «caída en la
cotidianeidad», o sea, en la
normalidad.
Prescindiendo de la
novedosa teoría política que tan
ingenuamente expone, «tener mayoría
absoluta te permite ser responsable»,
atención profesores de ética, lo más
sorprendente de la entrevista es la
reivindicación para sí y para los que son
militantes del PP de un imprescindible
chute de Federico Jiménez
Losantos en vena antes de salir de
casa. Nada más levantarse, el marido ya lo
tiene sintonizado. Qué lujo de marido. Con
todo el cariño del mundo le prepara a
nuestra alcaldesa su dosis diaria de droga
dura ¡en vena! para enfrentarse al
proceloso mundo habitado por rojos y
separatistas.
Alarmado por tales
confesiones públicas, he consultado a
varios especialistas en drogodependencias,
entre ellos al muy reputado y también
colaborador de esta casa Antonio
Escohotado y parece ser que las drogas
pueden clasificarse de esta manera:
Fármacos de paz: Opio, morfina, codeína,
heroína, etc. Fármacos visionarios: MDMA,
marihuana, mescalina, LSD, hongos
psilocibios etc. Fármacos de energía: Café,
cocaína, anfetaminas, FJL (sulfuro de
federiquina) , etc.
Ahora entiendo la
capacidad de trabajo de Rodríguez y
del PP en las barriadas, pueblos e islas de
España. La receta, cual soma de Un Mundo
Feliz o la poción de Astérix, la ha
revelado de forma harto arriesgada la
alcaldesa Cirer. No es el clientelismo, el
altruismo, el cargo, la vanidad etc., Es...
la federiquina, cuyo principio activo,
según los expertos, «es un potente
estimulador ondulatorio, de alta frecuencia
modulada, que por vía auricular accede
instantáneamente al córtex y al sistema
límbico alterando profundamente los canales
sinápticos del sodio y el potasio y
liberando serotonina y otros
neurotransmisores, provocando en el sujeto,
estupor inicial, emoción patria de España,
profundo sentimiento de mujer-mujer, y
macho dominante, según género del oyente,
liberalismo económico a raudales, energía a
borbotones, madridismo y amor a la fiesta
de los toros. Y algún aspaviento».
Se
explica la campaña de Carod y demás
catalanistas, pretendiendo cerrar la Cope,
pues desde su atalaya y su distribución
diaria de millones de dosis diarias de
federiquina se estaba en trance de arrumbar
al negocio del cava, al gobierno de
Rodríguez Z y al estatuto catalán, hoy ya
bastante aligerado. Todo ello ilustra del
peligro -para la segunda ley de la
termodinámica- que suponen las drogas
energéticas; y lo necesarias que son para
los gobernantes probos y responsables como
nuestra alcaldesa.