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  Viernes, 17 de marzo de 2006 Actualizado a las 01:18
 

EL AGORA
Adicción

RAMON AGUILO MUNAR


Confieso que Catalina Cirer me inspira simpatía; supongo que como a muchos otros/as palmesanos/as. La entrevista que concedió el domingo al periódico ilumina a sus lectores respecto al talante de nuestra primera autoridad municipal, que es afable, contemporizador, con ganas de agradar y no ofender a nadie. Por encima de todo consigue aparecer como una persona como cualquier otra. Pero todos sabemos que no es así. Es nuestra primera ciudadana, miembro destacado del PP, amiga personal -a tope, de Gabriel Cañellas, por ella tan llorado, aún en vida-, comentarista mallorquinista, entusiasta del ball de bot y devota de nuestras beatas.

Hay que señalar, con todo, que algún que otro pellizco monjil destina a amigos/as, porque enemigos seguro que no tiene. A la amiga Munar, ave poderosa, nada gallinácea, pues no es de vuelo corto, la clasifica de anormal al decir, hablando de ella: «No me puedo comparar con ella, yo soy normal… seguramente podría ir con ella en barco a Cabrera… no podríamos compartir compras…» Bueno, son mujeres, conservadoras, políticas, con mucho poder, reparten ensaimadas y coca a los pensionistas; son comparables por diferentes, si fueran iguales no se podrían comparar. Y no sé por qué Cirer debería estar centrada en la curva normal de Gauss y Munar en los bordes. Menos normal es, con sus vestidos al ample, la alcaldesa. Tampoco entiendo demasiado la posibilidad del viaje juntas a Cabrera y no de ir de compras. ¿Acaso se proponen urbanizar la isla? ¿Es que una se viste en Zara y la otra en Loewe? «No presto tanta atención a los cuidados como hace ella», continúa. De ahí, Heidegger atribuiría a Munar la condición de existencia (Dasein) al prestar cuidado (Sorge), mientras reservaría para ella la de «caída en la cotidianeidad», o sea, en la normalidad.

Prescindiendo de la novedosa teoría política que tan ingenuamente expone, «tener mayoría absoluta te permite ser responsable», atención profesores de ética, lo más sorprendente de la entrevista es la reivindicación para sí y para los que son militantes del PP de un imprescindible chute de Federico Jiménez Losantos en vena antes de salir de casa. Nada más levantarse, el marido ya lo tiene sintonizado. Qué lujo de marido. Con todo el cariño del mundo le prepara a nuestra alcaldesa su dosis diaria de droga dura ¡en vena! para enfrentarse al proceloso mundo habitado por rojos y separatistas.

Alarmado por tales confesiones públicas, he consultado a varios especialistas en drogodependencias, entre ellos al muy reputado y también colaborador de esta casa Antonio Escohotado y parece ser que las drogas pueden clasificarse de esta manera: Fármacos de paz: Opio, morfina, codeína, heroína, etc. Fármacos visionarios: MDMA, marihuana, mescalina, LSD, hongos psilocibios etc. Fármacos de energía: Café, cocaína, anfetaminas, FJL (sulfuro de federiquina) , etc.

Ahora entiendo la capacidad de trabajo de Rodríguez y del PP en las barriadas, pueblos e islas de España. La receta, cual soma de Un Mundo Feliz o la poción de Astérix, la ha revelado de forma harto arriesgada la alcaldesa Cirer. No es el clientelismo, el altruismo, el cargo, la vanidad etc., Es... la federiquina, cuyo principio activo, según los expertos, «es un potente estimulador ondulatorio, de alta frecuencia modulada, que por vía auricular accede instantáneamente al córtex y al sistema límbico alterando profundamente los canales sinápticos del sodio y el potasio y liberando serotonina y otros neurotransmisores, provocando en el sujeto, estupor inicial, emoción patria de España, profundo sentimiento de mujer-mujer, y macho dominante, según género del oyente, liberalismo económico a raudales, energía a borbotones, madridismo y amor a la fiesta de los toros. Y algún aspaviento».

Se explica la campaña de Carod y demás catalanistas, pretendiendo cerrar la Cope, pues desde su atalaya y su distribución diaria de millones de dosis diarias de federiquina se estaba en trance de arrumbar al negocio del cava, al gobierno de Rodríguez Z y al estatuto catalán, hoy ya bastante aligerado. Todo ello ilustra del peligro -para la segunda ley de la termodinámica- que suponen las drogas energéticas; y lo necesarias que son para los gobernantes probos y responsables como nuestra alcaldesa.

 
   
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