El editor Pedro Serra utilizó la fiesta
del visitante medio millón de Es Baluard
para celebrar de paso el cumpleaños de
Maria Antònia Munar. El editor, acompañado
del ex alcalde de Palma Joan Fageda; la
diputada Carmen Feliu; la alcadesa de Palma
Catalina Cirer; el concejal de Cultura
Rogelio Araújo; el president Jaume Matas; y
el conseller Francesc Fiol; le cantó el
cumpleaños feliz a la presidenta del
Consell.
El dueño del diario
Ultima Hora sorprendió a su íntima
Maria Antònia Munar con una ensaimada, le
hizo soplar una vela y puso punto y final a
la velada invitándola a cenar en el
restaurante del Museo Es Baluard, regentado
por el empresario de ocio Bartolomé
Cursach. Un fotógrafo de EL MUNDO/El Día de
Baleares se acercó a la pareja para
inmortalizar el momento. Mientras tanto,
Serra y Munar posaron a regañadientes y en
silencio. Sin embargo, cuando abandonó el
lugar el fotógrafo de este periódico, el
presidente del Grupo Serra la emprendió a
gritos contra el maitre del
restaurante. Su pecado, haber
permitido acceder al lugar a este
periódico.
En presencia de la
presidenta del Consell, el editor le
abroncó por haber permitido a este
periódico acceder al lugar donde pensaban
pasar desapercibidos. Acto seguido y
cumpliendo instrucciones de Pedro Serra, el
maitre del negocio de restauración
del museo se dirigió a este periódico en
los siguientes términos: «Está prohibido
sacar fotos en el restaurante porque no es
un lugar público». Cabe recordar que el
recinto donde se ubica el bar y el
restaurante, forma parte del propio museo
de arte moderno, sufragado con fondos
públicos.
En estos momentos lo
explota el Grupo Cursach Ocio después de
que Serra se lo adjudicara mediante un
presunto concurso público por un módico
precio de alquiler: 1.400 euros al mes. No
obstante, y a pesar de las condiciones
económicas ofrecidas a Cursach, la empresa
que explota el restaurante ha declarado
pérdidas. El restaurante se está viendo
arrastrado por el fracaso del museo y, a
pesar del privilegiado enclave en el que se
encuentra, no está resultando todo lo
rentable que cabría esperar. De hecho, el
museo ha llegado a barajar la posibilidad
de rebajar el cánon anual que paga el
discotequero.