ESTEBAN URREIZTIETA
PALMA.- El
president Jaume Matas presidió ayer un acto
en el que se conmemoró que el Museo Es
Baluard ha recibido ya, siempre según la
institución que preside y maneja el editor
Pedro Serra, medio millón de visitantes.
Las autoridades, entre las que
también se encontraban la presidenta del
Consell de Mallorca, Maria Antónia Munar, y
la alcaldesa de Palma, Catalina Cirer,
premiaron, en un museo prácticamente vacío,
a una de las pocas visitantes que se
encontraban a las ocho de la tarde en el
interior recinto.
A la
afortunada la retuvieron durante más
de media hora; la obsequiaron con un ramo
de flores; la invitaron a una copa de
champán; brindaron con ella; y la hicieron
firmar en el libro de visitas. Acto seguido
Serra y Munar se apostaron en la barra del
bar del museo, regentado por Bartolomé
Cursach, y aprovecharon para celebrar, con
velas incluidas, el cumpleaños de la
presidenta.
«Pídase lo que
quiera»
Eso sí, a la visitante
medio millón no la dejaron de lado. «Pídase
lo que quiera», le espetaron los
representantes políticos a la señora desde
el otro lado de la barra. Una vez que la
afortunada consumió cuanto quiso la
dejaron marchar.
Esta
visitante se marchó de Es Baluard
plenamente convencida de que antes de ella
le han precedido medio millón de personas.
Sin embargo, si se cotejan las cifras
reveladas por el propio museo durante los
últimos tiempos no queda ni mucho menos
claro.
Es Baluard anunció orgulloso
el pasado mes de noviembre que el contador
había llegado ya a «300.000». Desde
entonces, y a diferencia de lo que pueda
parecer a simple vista, se ha debido
desatar una fiebre por Es Baluard. Hasta el
punto de que en tan sólo tres meses el
número de personas que se han interesado
por el recinto se ha multiplicado
exponencialmente.
Dicho de otra
forma, desde noviembre, Es Baluard habría
recibido muchas más visitas que en todo su
primer año, que fue cerrado con tan sólo
125.000. La cifra que ahora se celebra
sigue resultando decepcionante si se tiene
en cuenta que Serra aventuró que el medio
millón de visitantes tardaría tan sólo un
año en llegar. No tres. Para arreglarlo ha
instalado un sensor que cuenta a todo aquel
que pasea por los alrededores del
edificio.