ROMÁN PIÑA VALLS
PALMA.- La
editorial palmesana Moll acaba de sacar a
la luz dos nuevos epistolarios en su
colección Els treballs i els dies. Se trata
de 333 cartes, de Llorenç
Villalonga, edición a cargo de Jaume Pomar,
y de la correspondencia de la poeta Maria
Antònia Salvà dirigida al también poeta
Miquel Ferrà. La Conselleria de Cultura del
Govern de les Illes Balears patrocina el
libro de Villalonga y el Consell Insular de
Mallorca el de Salvà.
En 1998 se
publicaron las cartas de Ferrà a Salvà, tal
como las dejara en 1991 Miquel Gayà, que
las transcribió pacientemente, las ordenó y
anotó. 14 años después aparecen las de
Salvà a Ferrà, pero a este conjunto se le
han añadido 30 cartas nuevas, como explica
en el prólogo Francesc Lladó, estudioso de
Ferrà. Este prólogo precede al que debemos
a Miquel Gayà, y nos sitúa ante las
personalidades de Gayà, Ferrà y Salvà,
miembros de l'Escola Mallorquina.
Miquel Ferrà y Maria Antònia Salvà
se conocieron en 1904 y las primeras cartas
conservadas datan de esa fecha. Lladó, que
vio en Miquel Ferrà a un poeta «totalmente
diferente de los otros miembros de la
Escola Mallorquina», habla del magnetismo
de Ferrà, quien dirigió la Residencia de
Estudiantes de Catalunya, y del embrujo que
ejercía sobre Gayà y otros escritores como
Joan Pons, Miquel Arbona, Miquel Dolç y
Maria Antònia Salvà.
Gayà, en su
presentación de las cartas publicada ahora,
ocho años después de su muerte, define a
Maria Antònia Salvà como «una mujer sin
biografía», pero reconoce que fue la poeta
que vio difundirse más que nadie su gloria
por toda Mallorca. Quince años mayor que
Ferrà, Salvà cultivó una amistad con el
joven poeta que no se extinguió nunca, como
prueban las más de 390 cartas que recibió
de él. A través de ésta correspondencia
conocemos los detalles de la vida cotidiana
de la primera mitad del siglo XX, y todo en
un estilo «de lo más comestible y
entretenido», en palabras de Gayà. Salvà,
huérfana de madre, hija de una abogado,
estudió en La Pureza y vivió una vida
sedentaria en la alquería de L'Allapassa de
Llucmajor. Su obra poética caló
profundamente en el alma del pueblo y se
convirtió en consejera de los nuevos poetas
como por ejemplo Llorenç Moyà, que
recurrían a su magisterio en busca de
orientación.
Las 333 cartas de
Villalonga nos muestran la íntima
personalidad de un hombre que odiaba el
teléfono y que no habría soportado la era
de Internet.
Durante los tres años
que invirtió en la escritura de la
biografía de Llorenç Villalonga, titulada
La raó i el meu dret, Jaume Pomar
pudo manejar parte de las cartas que ahora
salen a la luz. Algunas de las personas que
Pomar visitó en calidad de fuente oral para
su libro, tenían cartas. Otros habían
muerto, como Jaume Vidal Alcover, cuyo
hermano le facilitó a Pomar unas cartas que
constituyen el bloque más interesante de
esta recopilación.
Epistolario
catalogado
Por otra parte, en
1999 llegaron a la casa Museo Villalonga de
Binissalem muchos documentos a través de
José Zaforteza, heredero de Villalonga, que
Pomar no había podido utilizar antes. Entre
estos, aparecen algunas cartas dirigidas a
Joaquim Verdaguer y algunos borradores.
Queda pendiente una investigación en
México, donde vivieron dos hermanos del
escritor, Maria y Guillem, para avanzar en
la catalogación del epistolario total de
Villalonga, que superaría el millar de
cartas.
Pomar tiene noticias de una
posible autobiografía de Guillem
Villalonga, que podría ser fundamental para
el conocimiento más perfecto del autor de
Bearn. El epistolario de Villalonga y
Baltasar Porcel, el bloque de Moles, el de
Bernat Vidal i Thomàs, el de Damià Ferrà y
las cartas de matrimonio Sales-Folch, aún
inéditos, completarían el material que
Pomar ha ordenado, transcrito y editado de
la mano de la editorial Moll.