MIREYA ROURA
MAÓ.-Todavía
con los efluvios del asado argentino en el
aire, y con la barriga llena, Emerson hace
girar el balón en el aire. Vive el fútbol.
Tiene 9 años, el pelo negro como el carbón
y una sonrisa alineada que atraviesa su faz
oscura. Quiere que en la foto salga la
bandera de su país, Bolivia, y levanta una
copa, el tercer premio de la jornada, con
orgullo y osadía. Los niños ecuatorianos se
acercan. Se corta el aire. «Eh Emerson, a
ver cuándo nos vais a ganar en el cole», le
reta el cabecilla de la banda. Se llama
casi como su rival: Jefferson. «Yo soy de
Quito. Ecuador. Voy a La Salle. Y siempre
ganamos», deja ir a la vez que se aleja del
grupo seguido por sus secuaces.
Emerson, Jefferson. Son niños.
Llevan dentro su país de origen, aunque a
penas lo conocen. Pero su inocencia les
hace inconscientes de lo que tuvieron que
luchar sus padres para salir de la pobreza.
Éstos, eligieron un lugar tranquilo,
Menorca, para emplearse en la construcción.
Normalmente, sus relaciones se restringen a
lo que eran sus fronteras.
Pero
ayer, el campo de la Unión Deportiva de Maó
se tiñó de diversidad. Brasileños,
ecuatorianos, marroquíes, bolivianos,
argentinos, ingleses y asturianos... En
total, más de mil personas acudieron a la
fiesta de la Concordia. Apoyada por el
Govern, y organizada por la ONG Arca, el
evento tenía el objetivo de que los
inmigrantes sintieran el Día de las Balears
como suyo.
El fútbol como
integrador
El balón de fútbol es
el elemento integrador. En total, 8 equipos
rivalizan en la Champion menorquina. El
césped verde se vuelve multicolor, como las
camisetas de sus jugadores que utilizan
sólo medio campo. El mayor goleador,
Emiliano Gómez, un argentino que ha pasado
siete de sus 28 años en Menorca, acaba
colocando cinco goles en la portería del
contrario. «Xerro menorquín,
valencià, català. De tot», ironiza.
Era chofer en la provincia de
Córdoba, cuando la mala coyuntura del país
le hizo salir, con papeles en mano, de la
Argentina. Se desenvuelve bien. Tanto que
ya se ha hecho con una casa, un hijo
menorquín de cinco años y no echa en falta
el dulce de leche. «Son necesarias
iniciativas como ésta, sobretodo para los
jóvenes. En Menorca hacen falta», esgrime
sin titubear.
Argentina acaba
haciéndose con la Champion con un dos a
cero frente a Ecuador. Juan Manuel Gómez,
Director general de inmigración, entrega el
trofeo al país de Maradona. Quizás si
hubiera jugado Brasil, el himno ganador no
hubiera sonado igual. «Cuando nos enteramos
del torneo, ya no había plazas», dice al
que llaman Veredi para abreviar su nombre:
Verediano. Sus rasgos son
ronaldiñanos. Cara afilada, dientes
largos y ojos saltones. él y sus
compañeros, todos trabajadores de la
construcción, llegaron hace un año. Tiene
un equipo de fútbol brasileño y suelen
jugar campeonatos. Pero, lejos de los
tópicos, el fútbol tampoco les saca de sus
casillas. «La gente en Brasil no nace con
una pelota», sentencia Veredi.
«Ha
sido un trabajo de titanes. Esto es como un
embrión. Buscamos que en el Día de Ecuador,
por ejemplo, los ecuatorianos inviten a sus
vecinos y la inversa. No es fácil organizar
el torneo. Este año hemos sido 8, el año
que viene seremos 10», dice Pedro Orfila,
el artífice del evento. Y es que se han
calculado hasta 1.000 raciones
multiculturales. Cada una lleva una chuleta
de cerdo, chorizo criollo, un pinchito y
una hamburguesa, con un menú especial para
los islámicos quien pusieron los postres
típicos marroquíes.
Cocinan los
políticos
El ambiente es
distendido. Esta vez los políticos ejercen
de cocineros y sirven a los inmigrantes. El
senador y portavoz del Consell, Pepe Seguí,
maneja bien el tema salchichas, mientras
que el presidente del PP en Menorca, Juan
Manuel Lafuente, distribuye las bandejas
repletas por las mesas.
Mucho PP,
pero nadie del PSOE. Fue la ausencia más
sonada. Pese al millar de personas allí
congregadas, ni Joana Barceló, presidenta
del Consell, ni Arturo Bagur, alcalde de
Maó, se acercaron a olisquear la carne. «Me
extraña mucho que no hayan venido. No sólo
no han venido sino que no han enviado a
ningún delegado. El único que se ha
excusado ha sido Javier Tejero [delegado
del Gobierno]. Me duele mucho. Porque ahora
no estamos haciendo política», dice
Orfila.
«Estamos aquí por culpa de
Lucio Gutiérrez», afirma Gonzalo Tituaña.
Se refería al golpista que acabó derrocando
al presidente electo de Ecuador tras pasar
por prisión y erigirse como populista.
«Creo que Evo Morales, en Bolivia, es un
presidente que sale del pueblo. Sabe de la
pobreza, de los orígenes. Pero ahora tiene
que demostrar que lo hará bien», dice
Tiruaña en referencia al país vecino.