Hemeroteca Agenda cultural Cartelera Titulares

Tienda Restaurantes De copas Loterías
 BALEARES
 24HORAS
 Opinión
 Illes Balears
 Palma
 Menorca
 Part Forana
 Deporte
 Cultura
 Ibiza y
 Formentera
 SUPLEMENTOS
 La Economía
 Balear
 Fora Vila Verd
 EDICIÓN
 NACIONAL
 España
 Internacional
 Sociedad
 Economía
 Deportes
 Cultura
 Ciencia
 Tecnología
 60 segundos
 Edición
 impresa
 Catalunya
 Madrid24horas
 OTROS
 Fotos del día
 Álbum
 Vídeos
 
  Domingo, 19 de febrero de 2006 Actualizado a las 01:34
 

LOS PUNTOS SOBRE LAS IES
El marido de la Infanta no sólo ha de ser honrado

EDUARDO INDA


Mazher Mahmood es sin ningún género de dudas el reportero más temido de la prensa más libre del mundo mundial: la británica. Este colega inglés de obvia ascendencia árabe es el mayor especialista del Reino Unido en reporterismo encubierto. Su modus operandi es éticamente discutible pero normalmente incontrovertible e igualmente infalible: consiste en disfrazarse de jeque árabe, intentar hacer cantar La Traviata al VIP, famoso o famosete de turno y grabarle con cámara oculta.

La fórmula mágica le funcionó a las mil maravillas hace cuatro años con Sophie Rhys-Jones, mujer del Príncipe Eduardo. Haciéndose pasar por un jeque dubaití, Mazher Mahmood contactó con la Condesa de Wessex, a la sazón copropietaria de una agencia de relaciones públicas, término por cierto que suele emplearse eufemísticamente para encubrir lo que no es sino una agencia de tráfico de influencias a secas.

El reportero dio el pego, la esposísima mordió el cebo, largó lo que no está escrito, puso a parir hasta al apuntador y se mostró dispuesta a usar su estatus para hacer negocietes con un jeque más falso que Judas. Consecuencia: la madre de todos los escándalos en un país en el que la Familia Real monta numeritos voluntaria o involuntariamente un día sí y otro también. Para que se hagan idea de lo que estoy hablando tan sólo recordaré que el pollo que se montó fue tan sólo un grado inferior al tsunami provocado por el divorcio del hombre que quería ser tampax, Carlos, y Lady Di.

El debate abierto por el diario sensacionalista The News of The World por obra y gracia del inefable Mazher Mahmood provocó que la Reina Isabel II ordenara inmediatamente la elaboración de un estricto código ético de obligado cumplimiento en la casa Windsor. Consecuencia de la consecuencia: la que iba camino de ser la nueva Diana, se quedó con las ganas y, lo que es peor, sin trabajo. Vamos, que le invitaron a dedicarse a otra cosa, mariposa.

Cuando las barbas de tu vecino veas pelar, pon las tuyas a remojar. El caso Rhys-Jones sería motivo más que suficiente para que Iñaki Urdangarin se hubiera tentado la ropa por puritas razones egoístas: es cien veces más cómodo escarmentar en cabeza ajena que en la propia. El duque de Palma comenzó a dar que hablar a este país de porteras hace dos años exactos al ser ascendido a los altares de la Vicepresidencia del Comité Olímpico Español (COE). Hasta ahí todo normal o medio normal. A mí personalmente no me parece mal que miembros de la Familia Real ocupen este tipo de cargos de relumbrón. Salen ganando ellos pero, sobre todo, salimos ganando todos: un royal tiene más posibilidades de cazar para España unos Juegos o un torneo menor que un ciudadano sin sangre -propia o prestada- azul. El problema, pues, no es ése. El pequeño gran reparo es que su designación provocó ipso facto un conflicto de intereses por una perogrullesca razón: la empresa para la que trabajaba por aquel entonces, Octagon Esedos, tiene en su cartera de clientes a federaciones deportivas que dependen del COE y a instituciones varias, desde ayuntamientos hasta comunidades autónomas pasando por televisiones públicas del más diverso pelaje.

El duque de Palma no vulneró ninguna ley porque, por extraño que parezca, no es incompatible pertenecer al sancta sanctórum del COE y la vez hacer business con las federaciones. Pero sí había y hay una doble incompatibilidad moral. Para empezar, porque no es de recibo que un integrante de la Familia Real ponga su nombre y su tan interminable como valiosa lista de contactos al servicio de negocios personales o de otros y, para terminar, porque es más que reprobable lucrarse con unas federaciones que en última instancia dependen del COE. A más a más, esta casa desveló que el marido de la Infanta Cristina había intermediado para colocarle al Govern el patrocinio de un equipo ciclista. Otro golpe a la ética y a la estética de alguien que debería predicar con el ejemplo.

Urdangarin vuelve a tropezar en la misma piedra. Y no será porque este periódico y sus verdaderos amigos -ya se sabe, un amigo no es el que le dice a uno lo que quiere oír sino la verdad- no se lo advirtiéramos por activa y por pasiva. El jueves nos enteramos por boca del valiente socialista Antonio Diéguez que el Govern le adjudicó digitalmente la organización de un fórum de extraño y no muy atractivo objetivo: estudiar la relación entre deporte y turismo, que es casi tan interesante como analizar la relación entre la lluvia y el cultivo de la patata riojana.

La voz del PSOE en el Parlament le dio más morbo aún si cabe a su denuncia al revelar que el contrato se había otorgado a dedo, esto es, sin que mediase concurso ni nada que se le parezca. La cantidad percibida por el balonmanista tampoco es moco de pavo: 1,2 millones de euros, 200 millones de pesetas al cambio. Vamos, lo que gana Juan Español todos los días.

Pero tan o más cantoso que las formas es el fondo. Ahí va un ejemplo que lo dice todo: el gabinete de comunicación de tres días y medio de fórum salió por 100.000 euros, uséase, 16,6 millones de pesetas de las de toda la vida. Lo cual, dicho sea de paso, convierte a los tres integrantes de este servicio de prensa en los periodistas mejor pagados de la historia de España. A estos profesionales se les alivió la carga de trabajo contratando a un gabinete de comunicación externo. Otro epígrafe que invita a la reflexión es el de «abogados»: 5.000 euros del ala. La partida más singular no es ni esta última ni la anterior sino una que lleva por título «investigación sobre la red de regiones» y que está dotada con otros 35.000 euros del ala. El Instituto Nóos que preside el yerno del Rey cobró 90.000 euros por «acuerdos de investigación con universidades [sic]». Acuerdos de investigación con universidades de los que nunca más se volvió a saber. El apartado correspondiente a los «ponentes» nos salió a los baleares por 120.000 euros, lo cual no está nada mal teniendo en cuenta que algunos participamos encantados de la vida gratis total.

«Yo tengo que vivir de algo». cuentan que cuenta nuestro protagonista cada vez que le mientan esta bicha de los conflictos de intereses. Tiene razón... a medias porque tan cierto es que él no come del presupuesto, vamos, que no tiene un salario público, como que debe conducirse por la vida con un cuidado exquisito por aquello del qué dirán. Todas las precauciones son pocas cuando uno es yerno del Rey, hermano del presidente del Gobierno o primo de ministro. Lo primero que debería hacer es trabajar única y exclusivamente en el sector privado y abstenerse de contratar con las administraciones públicas y con las federaciones para evitar que esa sombra de la sospecha que es muchas veces más peligrosa que las luces de la realidad le persiga por los siglos de los siglos. Aunque a nadie se le escapa que por aquello del «por ser vos quien sois» Urdangarin tiene abiertas todas las puertas habidas y por haber, siempre tendrá una sólida excusa si se centra en el mundo de la empresa privada. Elemental.

El presidente de Nóos no puede y, sobre todo, no debe olvidar nunca con quién matrimonió. Ser parte de la primera familia de este país tiene innumerables ventajas pero también una nada desdeñable lista de inconvenientes y obligaciones. Cada favor que le hagan puede terminar volviéndose cual boomerang y en forma de flaco favor contra la monarquía y, en definitiva, contra su real suegro. Un dislate, especialmente, en estos tiempos que corren en los que la Corona se antoja como la única institución capaz de vertebrar esta España nuestra cada día más desvertebrada por culpa de las frivolités del vallisoletano de León.

Por mucho que el PSOE esconda la mano tras tirar la piedra, por mucho que a Diéguez le tiren de las orejas desde Madrid y por mucho que algunos escondan por miedo la noticia ignorando a su protagonista, esto no puede quedar así ni se debe repetir. El marido de la Infanta no sólo ha de ser honrado sino que, además, tiene que parecerlo.

e.inda@elmundo.es

 
   
BUSQUEDAS

Otros buscadores
 LA VIDA MÁS FÁCIL
Hemeroteca
Agenda cultural
Cartelera
Restaurantes
De copas
Busca piso
Rutas de viajes
Callejero
Farmacias
Horóscopo
Televisión
Aeropuertos
Estado de la mar
Líneas Marítimas
Teléfonos útiles
Tráfico
Gasolineras
© EL MUNDO / EL DIA DE BALEARES
Política de privacidad