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  Lunes, 13 de febrero de 2006 Actualizado a las 01:02
 

LA TELARAÑA
Anecdotario

JUAN PLANAS BENNASAR


«Hasta siempre, Pedrito», reza el lazo blanco que ciñe unas flores ya mustias, un pequeño ramo de claveles descoloridos, anudado a los bajos del semáforo que hay en plena calle Joan Carles I, entre unos populares almacenes y el Bar Bosch. Lleva ahí unos cuantos días y aunque paso con cierta frecuencia por el lugar, en realidad bastantes veces durante la última semana, no he observado que nadie se detuviera a mirarlo ni a investigar siquiera su lema ni a palpar si las flores son de papel o de carcoma. Será que la gente anda con prisas o que yo he perdido la noción del tiempo. Lo ignoro. Tampoco sé qué o quién fue o pudo haber sido Pedrito. Quizá sólo fuera un perro atropellado tras unas correrías sin sentido y un mal frenazo en seco. O la víctima feliz y cómplice de una simple broma en plena despedida de solteros. Pero también podría haber sido un niño o quién sabe si un señor muy mayor que le cantaba versos imposibles a la vida. Igual Pedrito no existió nunca y ese ramo de flores lo haya soñado yo, y sólo yo, durante tantos días que ya hasta les he perdido la cuenta.

Palma es una ciudad repleta de anécdotas. Aquí, todavía, podemos soñar con ir contracorriente, al menos hasta que nos alcance la fiebre represiva de la ordenanzas municipales que padecen, por ejemplo, Barcelona o Valencia donde se ha levantado la veda indiscriminada de las multas contra mendigos, jóvenes alborotados, prostitutas callejeras o enfermos mentales, como si las víctimas fueran en realidad los verdugos. Y no es así. Hay otras mafias, no tan ocultas por cierto, que sí debieran ser desmanteladas. Las que mantienen los prostíbulos y la esclavitud en sus mazmorras, las que edifican discotecas de éxtasis y cocaína, las que incendian juzgados -también aquí en Palma, sí, cómo no- tratando de dilatar los procesos o las que intentan sobornarnos a cambio de un poco de corrección ideológica y abundantes dosis de neolenguaje.

 
   
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