Viajar sin moverse de casa es, a veces,
un placer exótico. Para contrarrestarlo me
da, en ocasiones puntuales, por sumergirme
en las páginas webs más cutres y más
subterráneas. No me estoy refiriendo, en
absoluto, a las cavernas del látigo y la
sumisión, ni siquiera a las páginas del
marujeo, que, al fin y a la postre, pueden
hasta pasar como entretenidas e incluso
presumir de cumplir -según algunos
entendidos- cierta función social, aunque
nos parezca difícil precisar cuál. No. Un
auténtico descenso a los infiernos requiere
emociones mucho más fuertes y peligrosas.
Venenos más destilados y apestosos.
Desvergüenzas más notables. Lugares, en
definitiva, donde el pensamiento y la
inteligencia brillen por su
ausencia.
Me estoy refiriendo al blog
de Jordi Bayona. Es puro
néctar entrar en su página y encontrarse,
ya en la misma cabecera, con una frase que
se pretende lapidaria y que sin duda lo es,
porque retrata como una lápida a su autor.
«Discrepo. Idò existeixo», nos dice, con un
simplismo tan mediocre que casi nos
conmueve. Digo casi, porque luego el blog
se convierte en una auténtica guarrería,
donde sólo valen las descalificaciones
hacia casi todo lo que se mueve en
Baleares: los hoteleros, los políticos y,
cómo no, este diario. Todo es tan delirante
que lo único que echo en falta es algún
jueguecito tipo Joaquín Rabasco,
acaso su alter ego en el lodazal
político balear. Supongo que cuando deje de
vanagloriarse de recibir tantas y tantas
visitas, como dice recibir estos días, se
pondrá manos a la obra. Pero si no lo hace
igual es porque le desborda el trabajo de
intentar aclarar en los tribunales tanta
mierda como esparce. Suerte.