A veces, cuando me visita el mal humor,
me doy una vuelta por internet. Suelo
visitar ciertas páginas, como
www.esponjiforme.com, una web creada por
unos cuantos estudiantes de filosofía
catalanes, que es una mezcla entre los
Monty Python y Chiquito de la
Calzada. Esponjiforme es como un
vertedero mental donde uno puede encontrar
de todo, desde chatarra hasta pepitas de
oro. Puede escuchar, por ejemplo, una
grabación del eminente filósofo Martin
Heidegger dictándole la lista de la
compra a su secretaria, o a
Chewbacca, el antropoide peludo y
gangoso de La guerra de las
galaxias, cantando un villancico (ahora
que lo pienso, la verdad, entre los dos no
hay mucha diferencia).
Entre los
blogs, había dos que me chiflaban y lo digo
en pasado porque hace tiempo que están
fosilizados o directamente difuntos. El
primero (llamado «Sanchiguarro» o algo así)
era un diario en clave antropológica de las
experiencias (incluidas experiencias
post-mortem) de un madrileño que se va a
vivir a Sanchinarro e intenta sobrevivir
como puede. Como yo estuve tres años en
Fuenlabrada, entre un montón de gente cuya
principal afición era salir los domingos a
comprar el pan en chándal, me sentía muy
identificado con un hombre en medio de una
comunidad extraterrestre. O viceversa. El
otro era una salvajada llamada «critifrase»
donde cierto individuo logró la proeza de
crear un nuevo género literario: la crítica
de películas en una sola frase. De Rain
man decía: «Zapatero se va de excursión
con su hermano, que se lo lleva a pescar a
truchas». Mi favorita era esta greguería
sobre Gandhi: «E. T. se pone
gafas».
Últimamente acabo de
descubrir una cosa llamada aproximadamente
«wellsybeamurguia.blogspot.com», donde
algunos nocivos epicúreos enganchados al
tabaco intentan resistir ante la puritana
ola de estulticia que nos inunda desde el
otro lado del Atlántico. Pero para
levantarme la moral, nada como las página
web de A.S.I. y Joaquín Rabasco.
Navegar en medio de sus charcos -aunque
salpique de inmundicia las botas- es
descubrir nuevas e insospechadas formas del
humor, visitar un monumento perpetuo a la
estupidez humana. Hay caricaturas de
Pedro Jota y de Eduardo Inda
que no las mejora ni un niño de cinco años
suspenso en trabajos manuales. A
Inda le negrea un diente y a
Pedro Jota le crece la nariz, como a
Pinocho, por publicar tantas
mentiras. Lo mejor de A.S.I. es que va
completamente en serio.
La
descripción física y metafísica de Rabasco
no tiene parangón. Como filólogo, les
aseguro que es difícil sondear las
profundidades semánticas y las trampas
sintácticas de una frase como «ni nosotros
mismos sabemos a qué grupo pertenece la
clase de madera que cubre su cuerpo».
Resulta que Rabasco -siempre lo habíamos
sospechado- está hecho de madera. Como
Pinocho.