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  Sábado, 24 de diciembre de 2005 Actualizado a las 00:49
 

EN VENA
La cesta de rejilla

ROMAN PIÑA VALLS



Los cachorros del PSM han estado preparando un regalo de Navidad para Zapatero. Han estado diseñando una cesta de Navidad con un surtido de turrones y otras delicatessen, todas con una particularidad: iban en la cesta para volver a casa por Navidad "y para que no regresen". Los turrones de esta cesta del PSM iban a ser el PP, el PSOE, EL MUNDO y la COPE, unos productos por lo visto típicamente monclovitas, madrileños o españoles, y que no deberían dejarse ver por estas islas. Pero la pregunta que se nos ocurre formular a los jóvenes del PSM es: ¿en la cesta de Navidad con billete de ida, El Mundo, la COPE, el PP y el PSOE tienen que viajar por ser españoles o por otra razón? Porque si se trata de librar a Baleares de las invasiones de lo español, en la cesta del PSM debería haber muchos más camarotes. Una cesta se queda muy pequeña para la cantidad de chucherías españolas que deberíamos expulsar de nuestra realidad ideal.

Pongamos que a un puñado de mallorquines les hubiese tocado el Gordo que se cantó el jueves. En la cesta del PSM deberían ir los boletos de la lotería nacional agraciados, camino de la Moncloa. Que Zapatero no piense mal, que no piense que la cesta no es un gentil obsequio, que no piense que es un insulto. Que Zapatero, este responsable de una intolerable presencia española en este país con una realidad y una cultura propia, no entienda que no queremos en Mallorca tener a la venta lotería nacional, de una nación que encima de que es otra, nos invade.

A menos que no sea eso lo que significa la cesta de los jóvenes del PSM. Tal vez no sienten una animadversión general por lo español, sino sólo por lo español que les molesta. El nacionalismo tiene estas cosas, consiente los beneficios que trae la presencia de los "extraños", pero no concederá nunca a los extraños su derecho a la igualdad. El nacionalista permite al extraño porque lo necesita, pero se reserva el derecho de admisión si algún día ese extraño se atreve a reclamar algo.

No sé si hemos mejorado en cuanto a la xenofobia de los más radicales en Mallorca. Hace mucho tiempo, años, la misma ERC desacreditó a un compañero de filas que jugaba a hacer campaña con un barco de rejilla. En aquel barco no había numerus clausus. Hoy el barco de rejilla se convierte en cesta de mimbre. Puede volar, no tiene por qué ir por mar y hundirse, pero no ha de volver. En la cesta, además, no hay que meter a todos los forasters, sino sólo a los aparatos de opresión, a los mecanismos que obstaculizan la normalización cultural que sueñan unos pocos. Tal vez nuestros nacionalistas se han civilizado una pizca, pero su sueño la mayoría lo intuimos como el peor de los páramos.

 
   
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