Reconozco que una de las cosas que más
me fascina de nuestros catalanistas es su
irrefrenable tendencia a crear
realidades virtuales que, encima, se
las creen. Es como si, a fuerza de
confundir sus deseos con la realidad,
acabaran por creerse que los deseos son
la realidad.
Está ocurriendo
ahora con los apuntes insinuados por
Matas en materia de financiación
autonómica que el catalanismo
egipciaco interpreta como una
adopción del sistema catalán, tras un
confuso totum revolutum en el que
mezclan la financiación autonómica,
balanzas fiscales, la gestión de los
impuestos y las inversiones del Estado. Lo
que propone Matas nada tiene que ver con
las propuestas catalanas. Los catalanes
quieren una agencia tributaria propia e
independiente que rompe todo el sistema
fiscal unitario mientras que aquí se apunta
-sin demasiadas precisiones- una agencia
integrada en el sistema general,
coparticipada por el Estado y la autonomía.
Los catalanes propugnan un sistema
confederal en el que, cada año, Cataluña le
dice al Estado lo que le entrega mientras
que el sistema balear se mantiene en la
multilateralidad solidaria y
compartida. Las diferencias -catedralicias-
son de grado y cualitativas. Nada que ver
con el proyecto financiador
catalán.
Lo que sí quiere -y debe-
incluir el nuevo Estatuto es el Régimen
Especial, que es donde las inversiones del
Estado que, obviamente, define y decide el
Estado, tienen un papel importante,
cumpliendo su función redistribuidora y
compensadora de diferencias injustas, cosa
que ahora no cumple, sino al revés, el
gobierno socialista. A ver si deja de decir
tonterías el Balears.