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  Sábado, 17 de diciembre de 2005 Actualizado a las 00:45
 

LA PREGUNTA DEL MILLON - ¿Considera usted necesaria la reforma del Estatut balear?
Necesaria e insuficiente

JOAN PERICAS



Para los que creemos que las reformas estatutarias son un camino para elevar el techo competencial de las comunidades autónomas y para asumir cada vez más ese papel de Estado que les corresponde en sus territorios, la crónica reciente de la reforma del Estatuto nos parece sencillamente triste y decepcionante.

Cuesta valorar positivamente el acuerdo alcanzado el pasado lunes día 12 de retomar la ponencia estatutaria dentro de dos meses (¿por qué dos meses?) y además no zanjar de una vez por todas la cuestión del equilibrio territorial que nos mantiene en el marasmo más absoluto. Estamos donde estábamos en octubre cuando los trabajos de la ponencia se paralizaron, es decir, sigue sin haber acuerdo entre la oposición y el Partido Popular. Hace dos meses el PP rechazaba incluir en el Estatuto el número de diputados de cada isla que deben componer el Parlament y se ofrecía a firmar un documento en el que se hubiera comprometido a no modificar la Ley Electoral en el futuro.

Esta semana se nos informa que se ha acordado que cualquier modificación de la representatividad territorial recogida en la Ley Electoral requerirá ser aprobada por mayoría cualificada -solución adoptada por la oposición que con muy buen criterio no se fía del PP-, pero el portavoz de los populares, Miquel Ramis, afirma ellos no tienen por qué respetar ese acuerdo.

Y todo por la obsesión de crear un Consell de Formentera innecesario que puede desequilibrar la fórmula de representación territorial, basada en la paridad corregida, consensuada y aprobada en su día.

La vicesecretaria general del PSM, Nanda Ramon, se felicitó al salir de la tan cacareada reunión del pasado lunes, por haber alcanzado un pacto sobre la representación territorial afirmando que esa es una «cuestión importante para los ciudadanos». La lástima es que la mayoría de ciudadanos no lo vea así y que muchos todavía anden preguntándose si hay que reformar el Estatuto. Pero no me extraña. ¿Cómo se puede interesar a la ciudadanía por sus instituciones, por su autogobierno, por esa reforma estatutaria si quienes la tienen que llevar a cabo no transmiten ambición ni ilusión?

La gran diferencia entre un Estatuto como el catalán y esto nuestro es que mientras el primero es la vía normativa con la que, en el marco constitucional, Cataluña quiere relacionarse con el Estado; esto nuestro no es más que la constatación de que no nos sabemos organizar ni entre nosotros.

 
   
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