M. A. RUIZ
PALMA.- El coordinador
de la Oficina de Caza del Consell, Miquel
Oliver, y el presidente de la Asociación de
Sociedades de Cazadores de Mallorca, Nadal
Real, encabezaron las amenazas que el
pasado viernes sufrió el fotógrafo de EL
MUNDO/El Día de Baleares Jordi Avellà
cuando pretendía tomar imágenes de la
asamblea de la entidad.
Los hechos
tuvieron lugar en el restaurante Es Pou de
Lloret, propiedad del propio Nadal Real,
donde la asociación celebra buena parte de
sus actos y cenas de hermandad. Cuando el
reportero gráfico de este diario tomó una
imagen en el vestíbulo del restaurante,
varios miembros de la directiva encabezados
por Real y Oliver le acorralaron y, en un
tono amenazante, le exigieron que entregara
la cámara o el carrete.
Por su parte,
Miquel Oliver le exigió que se identificara
y le arrebató de las manos el carnet de
identidad para tomar nota de sus datos
personales. Mientras tanto, llovían las
amenazas sobre el periodista: «Si quieres
salir de aquí nos dejas tu cámara. Pero
cuando vuelvas a buscarla la encontrarás
hecha añicos», le espetó uno de los
cazadores.
«Esto va a afectar a tu
futuro profesional», le advirtió otro de
los socios después de que el alto cargo del
Consell hubiera tomado nota de sus datos.
El periodista llegó a estar acorralado por
30 cazadores que le increparon. Por su
parte, Nadal Real suscribió todas las
amenazas vertidas por su número 2 en la
asociación y coordinador de la Oficina de
Caza del Consell, Miquel Oliver.
La
asamblea comenzó poco después de que el
fotógrafo abandonara el restaurante.
Durante la reunión, Miquel Oliver repartió
entre los presidentes de las distintas
sociedades de caza fotocopias de las
informaciones que EL MUNDO/El Día de
Baleares ha publicado durante las últimas
semanas sobre el escándalo de las
subvenciones.
Como ha informado este
diario, Oliver reconoció que había
utilizado a los nueve guardas de campo cuya
nómina paga el Consell (seis están
contratados por la Asociación y otros tres
directamente por la Corporación insular)
para hacer trabajos particulares, como
construir un gallinero en casa de sus
suegros en Sineu, levantar una valla en una
parcela de Montuiri propiedad de su madre,
pintar la casa del conseller Miquel Angel
Borrás o hacer la mudanza desde el despacho
particular de aparejador que el titular de
Medio Ambiente tenía en el centro de
Palma.
El gallinero
Sin
embargo, Oliver faltó a la verdad al
asegurar que todos estos trabajos han sido
realizados fuera del horario laboral de los
forestales. No es cierto. En el caso de las
dos obras realizadas en propiedades de su
familia, llegaron a trabajar los nueve
guardas de caza, cuando en realidad al
menos cuatro de ellos tenían que estar de
servicio cuidando los cotos de las
sociedades de caza. Además, los forestales
no recibieron ningún tipo de remuneración
por estas labores: Oliver se limitó a
invitarles a una comida cocinada por sus
suegros, para aliviar su trabajo.
En
el caso de la mudanza del conseller Borrás,
llegaron a trabajar cinco guardas de campo
durante dos jornadas. El propio conseller
de Medio Ambiente y su mujer estuvieron
presentes para impartir instrucciones sobre
qué documentos debían ser tirados a la
basura y cuáles cargados en dos vehículos
para transportarlos hasta su casa de la
Costa den Blanes: un todoterreno Suzuki del
Consell y un Galloper verde de la
Asociación.