La época se presta a viajar y el número
de personas de Baleares que ha estado en
Egipto, México, Canadá, con relación a lo
poco que se desplaza en otras comunidades,
es sorprendente (Hacienda, por favor, mire
hacia otro lado). Atesorar la sabiduría del
payés viajado, permite contar
historias tan interesantes como lo ocurrido
a un mallorquín al que un matrimonio amigo
invitó en EEUU a una fiesta con seis meses
de anticipación, llevándose una sorpresa
mayúscula ya que la mujer morena, con ojos
castaños y esposa del anfitrión que
encarecidamente le solicitó que apuntara en
su agenda el mes, día y hora del próximo
encuentro, era otra cuando llegó la
esperada cita: se encontró con una rubia de
ojos verdes y suaves modales que le
preguntaba cómo se llamaba. Obviamente no
había intervenido la cirugía estética,
simplemente se produjo un cambio de pareja.
Suele ocurrir.
Una de las cuestiones
que me llamó la atención cuando llegué a
esta bendita tierra, es la advertencia que
me hizo un payés viajado de que aquí
a los pecados de la carne no se les daba
excesiva importancia, pero sí a los asuntos
relacionados con quedarse el dinero ajeno.
Más claro, se me estaba advirtiendo de cuál
era la prelación que consideraba esta
sociedad sobre lo que se conocía como
faltas graves y las que no lo eran tanto.
Años más tarde y para complicar la vida de
otro payés, a éste, que no había viajado
tanto y que con todo lujo de detalles
explicaba que en el Globo Rojo estaban las
muchachas de color con los mejores cuerpos
de la Isla y en el Table Dance del Arenal
las eslavas más atractivas, le solicité:
«¿Y tú esposa?». Con tono impaciente
respondió: «No enturbies, esa es otra
cuestión». Ante este «descoloque», mis
neuronas realizaron una proyección hacia la
indicación que se me había hecho tiempo
atrás.
Hay que admitirlo, en su
momento nos rasgamos las vestiduras «porque
los alemanes se estaban quedando con todo»
ofreciendo escenas de alta intensidad
dramática, hasta que un payés
viajado tuvo la mala ocurrencia de
descubrirnos que si compraban fincas y
apartamentos era debido a que previamente
los mallorquines se las vendíamos, por lo
que la responsabilidad era nuestra si no
estructurábamos una sociedad lo
suficientemente homogénea en adn que
hiciera las delicias de los muchachos del
PSM y de ERC, sugiriendo como medida de
asimilación la posibilidad de exigir a los
invasores hablar en catalán nivel
C.
Producto de la mundología el
payés viajado no se sorprende de que
en la tierra donde se han realizado las
mayores fortunas generadas por la
especulación (un inglés adquirió en su día
un terreno abonándolo en libras, cuando la
cifra que le solicitaban era en pesetas),
se encuentren hombres de la categoría de
Bartolomé Catalá, fundador del
Proyecto Hombre y que representa la gran
esperanza contra la drogadicción, o
personas como Jaime Santandreu,
quien, a pesar de su rechazo a la ortodoxia
del sistema, atiende a los desheredados,
sin olvidar que somos una de las primeras
comunidades que colaboramos con más medios
en la Fundación Vicente Ferrer para que
realice sus iniciativas en la India.
El mallorquín puro es con toda seguridad el
payés viajado. Por educación asiente
al oír tantas veces eso de: «Y si sabes de
alguien a quien le podría interesar mi
tema, me dices cosas», mostrándose
sumamente paciente al observar el tiempo
que se pierde en hablar de proyectos que
por falta de medios no podrán realizarse.
«Mallorca y yo somos así», contestó el
payés viajado al preguntarle la
razón de estas contradicciones.