Es interesante observar los
posicionamientos de la oposición ante la
reforma del Estatut de Baleares. Así,
Antich, reincide en este extraño y
casi obsesivo catalanismo al decir que
«Baleares debe trabajar codo a codo con
Cataluña en la reforma del Estatut», entre
otras razones por «la semejanza de sus
problemas». Al margen de que no se ven por
parte alguna las semejanzas -ni de
estructura económica, ni de intereses, ni
de sociedad, ni de actitud ante la
vertebración del Estado, ni de método
reformador- es fantástico que Antich
proponga ir codo a codo con quienes, con su
proyecto estatutario, son precisamente los
que más daño causan a Baleares, aparte de
ser los responsables del gran desasosiego y
malestar que se ha generado en el ámbito
autonómico español.
Los del PSM, con
el ínclito Sampol al frente, van a
su aire como Peraire, prescindiendo por
completo de todo el contexto en que se está
desarrollando el proceso estatutario del
país. Insisten -pura redundancia- en cosas
ya asumidas por la comisión de sabios
y exigen con urgencia
desbloquear la reforma. La reforma
no está bloqueada, sino prudente e
inteligentemente en compás de espera hasta
que se sepa cuál va a ser el escenario
autonómico según cuál sea el desenlace del
Estatut catalán. Constituiría una
insensatez y una grave irresponsabilidad
culminar la reforma estatutaria sin poseer
los elementos de juicio que permitan
ponderar hacia dónde debe transitar nuestro
Estatut. Y estos elementos de juicio, aquí
y ahora, no los tiene nadie.