JOAN ANTONI PERÉ
SA POBLA.-
Difícil elección la de quienes optaron ayer
por pasar un domingo de fira, pues
coincidían tres citas señaladas dentro del
calendario de ferias de la part forana: Sa
Pobla, Mancor de la Vall y Llubí.
Igualmente los amantes del vino tenían una
cita ineludible en Santa Maria, municipio
que celebró por tercer año la Festa del Vi
Novell.
Afortunadamente, la lluvia
concedió una tregua a todas ellas y
permitió que un gran número de visitantes
disfrutara de los atractivos que las cuatro
localidades, ayer engalanadas, ofrecían.
Definitivamente, las fires no pasan de moda
en Mallorca.
En Sa Pobla, el
protagonismo fue para el agua. Y no por las
cuatro gotas que cayeron el sábado, sino
porque la ya clásica exposición temática de
la Plaça Major estuvo dedicada este año
repasar la historia de esa especial
relación que los poblers han
mantenido con el elemento líquido. Una
sínia, una antigua máquina de perforar, una
era y un viejo molino, entre otras cosas,
invitaban a recordar cómo Sa Pobla pasó de
ser el lugar más seco de Mallorca a tener
al agua como elemento central en la vida de
sus gentes.
No faltaban, por
supuesto, las anguilas, ingrediente
esencial de las típicas espinagades
que salían del horno de leña habilitado
para el evento. Justo a tiempo para
probarlas llegaron los consellers de
Agricultura, Margalida Moner; de Medio
Ambiente y pobler Jaume Font y de
Energía, Comercio e Industria, Josep Joan
Cardona, y las diversas autoridades locales
así como de pueblos de los alrededores que
ayer acudieron a la fira. Otro de los
puntos de interés fue el mercado medieval,
con multitud de comerciantes y artesanos y
un grupo de titiriteros que animaba la
fiesta.
Por otra parte, la tercera
Fira de l'Esclata-sang de Mancor de
la Vall desbordó de nuevo todas las
expectativas de asistencia de público. Los
que tras mucho esfuerzo conseguían aparcar
el coche pudieron disfrutar de una selecta
oferta gastronómica con la seta mallorquina
como protagonista. El porc senglar amb
esclata-sangs, las panades de
bolets y el llom amb col i
esclata-sangs, entre otros, hicieron
las delicias de quienes se acercaron al
municipio de la Serra.
No todo eran
esclata-sangs en Mancor. También se
podía pasear entre las diversas
exposiciones artesanas o contemplar la
espectacular recreación de un torrente y su
ecosistema. Todo ello presidido por sus dos
nuevos gigantes, es carboner Joan y sa
brodadora Llúcia, que se conjuraron para
ahuyentar la lluvia que el pasado sábado
obligó a suspender algunos
actos.
Mientras, el protagonismo en
Llubí fue para la miel. La VI edición de la
Fira de la Mel congregó a numerosos
aficionados al mundo de la apicultura que
pudieron degustar la típica sobrassada
amb mel, contemplar la exposición de
material apícola o pasear por la mostra de
empresas locales. Los actos de ayer tendrán
continuidad mañana martes con la Fira
Tradicional, muy apreciada por los
llubiners.
Otro de los
ingredientes del fin de semana fue el vino.
Santa Maria se convirtió ayer en un
gigantesco celler en el que covergían los
caldos más jóvenes de diversas bodegas de
la Isla. La Ruta dels Cellers, que
cerró en la mañana de ayer los actos
festivos, contó con la participación de los
cellers Es Cabàs, Sebastià Pastor y Jaume
de Puntiró, así como de las bodegas
Ramanyà, Can Rubí, Macià Batle, hizo gala
de las novedades vinícolas de la Isla e
hizo las delicias de los amantes al buen
vino.